Todos los 8 de enero se recuerda la muerte y el nacimiento del mito de Antonio Mamerto Gil Núñez, más conocido como el Gauchito Gil. En esta fecha, miles de devotos rinden homenaje a este santo popular. En Funes, el santuario ubicado sobre la colectora de la Ruta 9 al 5500, recibirá a lo largo de la jornada a cientos de creyentes y celebrarán con empanadas, choripán y pastelitos.
El predio se encuentra ubicado en la esquina de General Las Heras, en la colectora de la Ruta 9, y Las Tunas. Nació hace treinta años de la mano de Loli, quien hasta el día de hoy se hace cargo del espacio que se convirtió en un punto de encuentro regional ineludible.
Lo cierto es que el principal santuario del Gauchito Gil se encuentra en la ciudad de Mercedes, Corrientes, a unos 8 kilómetros del centro, sobre la Ruta Nacional 123. Sin embargo, existen espacios de devoción a este santo popular a lo largo y ancho del país.
En Funes, el movimiento empezó desde temprano pero se espera que a la noche se convierta en una verdadera celebración popular. Por eso, habrán comidas bien tradicionales: empanadas, choripán y pastelitos.
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Quién fue el Gauchito Gil
Antonio Mamerto Gil Núñez nació en la provincia de Corrientes, en Pay Ubre, cerca de Mercedes, alrededor del 12 de agosto de 1847. Fue un hombre que, a lo largo de su vida, se vio envuelto en diversas luchas, tanto en el plano militar como en el social. Durante la Guerra de la Triple Alianza, fue reclutado para luchar, y más tarde, se unió a las milicias que combatían contra los federales.
Sin embargo, se cuenta que abandonó estas luchas después de recibir una revelación en sus sueños de Ñandeyara, el dios guaraní, quien le pidió que no derramara más sangre de sus semejantes. Fue a partir de este momento que adoptó una nueva misión: convertirse en un «justiciero» del pueblo.
Según las leyendas, comenzó a robarle a los ricos para repartir lo obtenido entre los pobres, y también se le atribuyen actos de curación y venganza en favor de los oprimidos. Estas acciones lo convirtieron en un héroe popular entre los más humildes, quienes lo apoyaron y protegieron.
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Velas colocadas por devotos adornan el santuario del santo argentino «Gauchito» Gil en su festividad anual, cuando los creyentes le piden milagros o le dan gracias, en Buenos Aires, Argentina, el jueves 8 de enero de 2026. (Foto AP/Natacha Pisarenko)
El milagro en la hora de su muerte
El 8 de enero de 1878, la justicia lo capturó. La historia cuenta que lo colgaron de un árbol de espinillo, boca abajo, para ejecutarlo. Antes de que el verdugo lo degollara, el Gauchito le dijo con voz firme:
«Tu hijo está muy enfermo y se está muriendo. Cuando llegues a tu casa, rezá en mi nombre y él se va a salvar, porque hoy vas a derramar la sangre de un inocente».
El verdugo cumplió la orden y mató a Gil: «Su sangre cayó como una catarata que la tierra se bebió de un sorbo”, dice la leyenda. Al regresar a su casa, encontró a su hijo agonizando. Desesperado, recordó las palabras del gaucho, le pidió perdón y rezó por su salud.
Al día siguiente, el niño se recuperó milagrosamente. Fue ese mismo verdugo quien regresó al lugar del fusilamiento para darle una sepultura digna, convirtiéndose en su primer devoto.
