La muerte de Garrafa, un perro comunitario que formaba parte de la vida cotidiana de estudiantes y trabajadores de la Universidad Nacional del Litoral (NL), generó conmoción en la ciudad de Santa Fe y reabrió el debate sobre la tenencia responsable de animales y el cumplimiento de las normas de convivencia en el espacio público.
El ataque ocurrió cuando Garrafa fue embestido por un perro de gran porte que circulaba sin correa ni bozal. A raíz de las heridas sufridas, el animal murió, lo que motivó denuncias vecinales, la intervención del municipio y una investigación judicial que continúa en curso.
La intervención del municipio y la denuncia penal
Tras el hecho, el Instituto Municipal de Salud Animal actuó a partir de una denuncia ingresada por la línea 0800. Personal del organismo y agentes de control se presentaron en el domicilio del tutor del perro agresor, donde se labró un acta de infracción.
Según informó el municipio, el animal involucrado no estaba registrado, no tenía la vacuna antirrábica anual al día y circulaba sin las medidas de seguridad obligatorias, incumpliendo la ordenanza vigente.
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En paralelo, se radicó una denuncia penal, que quedó en manos de la fiscal María Laura Martí, mientras que el proceso administrativo seguirá su curso en el Tribunal de Faltas, encargado de definir las sanciones correspondientes.
“Lo de Garrafa no fue un accidente, fue negligencia”
El director del Imusa, Pablo Ortiz, se refirió públicamente al caso: “Esto no fue un accidente, fue negligencia”. En declaraciones radiales, sostuvo que la tragedia se podría haber evitado si se hubieran cumplido las normas básicas de circulación de animales.
Ortiz remarcó que la responsabilidad no depende de la raza ni del tamaño del perro. “Todos los perros deben ir con correa, y los de gran porte también con bozal. El perro no razona, nosotros sí”, afirmó, y pidió dejar de estigmatizar a los animales para poner el foco en la conducta de los tutores.
La figura de Garrafa trascendió el hecho puntual. El perro era parte del paisaje cotidiano del entorno universitario y su muerte generó una fuerte reacción social, especialmente entre estudiantes y docentes.
El funcionario también se refirió a situaciones frecuentes en plazas, parques y costaneras, donde perros circulan sueltos y quienes reclaman el cumplimiento de la normativa muchas veces terminan siendo agredidos. En ese sentido, respaldó el rol de la denuncia ciudadana como herramienta clave de prevención. “Hoy fue Garrafa. Mañana puede ser un nene”, advirtió.
Hacia una sanción ejemplificadora
Desde el municipio anticiparon que buscarán una sanción que no se limite a lo económico. Entre las alternativas evaluadas, Ortiz mencionó la posibilidad de imponer tareas comunitarias vinculadas a la tenencia responsable y la participación del tutor en instancias educativas, como forma de generar conciencia social.
Además, adelantó que en marzo se lanzará un programa municipal orientado a mejorar la convivencia en el espacio público, que incluirá charlas educativas, talleres sobre conducta animal y un sistema de identificación mediante microchips para perros con antecedentes de denuncias o que requieran mayor control.
