sábado, 19 septiembre, 2026
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La desocupación es de 7,5%, pero más de 5 millones de argentinos buscan empleo o más horas

El mercado laboral argentino muestra una tensión que no aparece del todo en la tasa de desempleo. En el cuarto trimestre de 2025, a los desocupados se sumaron 3,7 millones de ocupados que buscaron otro empleo o una mayor carga horaria. El resultado es una presión laboral de entre 23% y 24% de la población activa, en una economía donde la informalidad sigue alta y el pluriempleo gana lugar.

La tasa de desempleo quedó en 7,5% en el cuarto trimestre de 2025. Tomada en soledad, la cifra podría sugerir una mejora relativa frente al promedio de los últimos 20 años, que el propio IERAL de la Fundación Mediterránea ubica en 8,3%. Pero debajo de ese dato aparece otra foto: la del empleo que existe, aunque no alcanza.

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El punto es cuántas personas siguen presionando sobre el mercado de trabajo aun cuando ya tienen una ocupación. Según el informe, de 21 millones de ocupados, más de 3,7 millones buscaron activamente otro empleo o una mayor carga horaria. Sumados a los desocupados, llevan la presión laboral a una franja de entre 23% y 24% de la población económicamente activa, equivalente a más de 5 millones de personas.

La diferencia no es menor. La desocupación mide a quienes no tienen trabajo y buscan uno. La presión laboral amplía el foco: incluye también a quienes trabajan, pero necesitan completar ingresos, sumar horas o cambiar a un puesto mejor. En esa brecha aparece una de las señales más claras del deterioro del mercado laboral argentino.

La PEA (población económicamente activa) alcanzó a 22,5 millones de personas, el 48,6% de la población total. Dentro de los ocupados, el 82,1% no demandó otro empleo, aunque incluso en ese grupo la informalidad llegó a 39%, lo que equivale a 6,7 millones de personas. Entre quienes sí buscaron otra ocupación, el 47,3% fueron subocupados -trabajan pocas horas y quieren ampliar jornada- y el 52,7% fueron ocupados plenos que, aun con jornada completa, salieron a buscar otro ingreso.

Los números también muestran un cambio en la composición del empleo formal. En los últimos dos años, los monotributistas aumentaron 7,3%, mientras que los asalariados privados registrados cayeron 2,1%. El dato sugiere un corrimiento hacia formas más frágiles de inserción laboral, aun dentro del segmento formal.

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La presión no se reparte de manera homogénea. Córdoba aparece con 35,4% de presión laboral, Tucumán con 34,2% y Santa Cruz con 27,7%. En esos casos, el problema no pasa solo por la falta de empleo, sino por la insuficiencia del trabajo existente para sostener ingresos. En sentido inverso, el informe advierte que una menor presión en varias provincias del norte no necesariamente implica una mejora, sino que puede reflejar desaliento y menor participación laboral.

La apertura por sectores refuerza el diagnóstico. Las mayores tasas de búsqueda de empleo adicional se observan en servicio doméstico, con 30,7%; hoteles y restaurantes, con 25,5%; y construcción, con 23%. En el otro extremo quedan minería e hidrocarburos, con 6,4%; actividades financieras, con 8,3%; y servicios inmobiliarios, con 9,7%.

También hay un sesgo etario y de género. La necesidad de complementar ingresos es más frecuente entre los menores de 19 años, con 23%, y entre las mujeres, con 16,6%. La lectura es consistente con un mercado de trabajo donde los segmentos más débiles son los que primero sienten la pérdida de poder de compra y la fragmentación del empleo.

Así, el problema laboral dejó de explicarse solo por la cantidad de puestos generados. La restricción pasa cada vez más por la calidad del empleo, la estabilidad de los ingresos y la posibilidad de sostener una jornada que alcance para vivir. Por eso, una baja de la desocupación ya no alcanza para hablar de mejora.

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En esa discusión, el informe de IERAL plantea que una recuperación más sólida requeriría empleo formal, productivo y mejor remunerado, junto con reformas que mejoren productividad, competitividad y estabilidad macroeconómica. La señal, en cualquier caso, ya está en los números: en la Argentina actual, tener trabajo no garantiza salir de la presión laboral.

Evolución de la presión laboral frente a la tasa de desempleo

La primera variable a seguir es la brecha entre la tasa de desempleo y la presión laboral, porque ahí aparece una parte del deterioro que el dato tradicional no muestra. En el cuarto trimestre de 2025, la desocupación fue de 7,5%, apenas por debajo del promedio de los últimos 20 años, de 8,3%.

Pero cuando a los desocupados se les suman los ocupados que buscan otro empleo o más horas de trabajo, la presión sobre el mercado laboral trepa al 23% de la PEA, e incluso el informe también la describe en 24% según el recorte utilizado. En términos absolutos, eso equivale a más de 5 millones de personas. La diferencia entre ambos indicadores muestra que el problema ya no pasa solo por conseguir un puesto, sino por conseguir uno que alcance en horas e ingresos.

Nivel de informalidad dentro de los ocupados

La segunda variable es la informalidad, porque permite medir qué parte del empleo existente se sostiene en condiciones frágiles. Según el informe, la PEA llegó a 22,5 millones de personas y el total de ocupados rondó los 21 millones. Dentro de ese universo, el 82,1% no demandó otro empleo, pero aun así la informalidad dentro de ese grupo alcanzó al 39%, equivalente a 6,7 millones de personas.

El dato es relevante porque muestra que incluso entre quienes no están buscando una salida laboral inmediata persiste un problema estructural de calidad del empleo. Dicho de otro modo, no toda ocupación reduce vulnerabilidad: una porción muy amplia sigue trabajando fuera de esquemas formales, con menor estabilidad e ingresos más inestables.

Relación entre monotributistas y asalariados privados registrados

La tercera variable es la composición del empleo formal, porque ahí se detecta si el mercado genera puestos más estables o si se desplaza hacia formatos más flexibles y de menor protección. En los últimos dos años, los trabajadores monotributistas aumentaron 7,3%, mientras que los asalariados privados registrados cayeron 2,1%.

Ese movimiento sugiere que, aun dentro del segmento formal, el empleo se está corriendo desde posiciones asalariadas tradicionales hacia esquemas de registración más débiles o más inestables. Para el seguimiento de la dinámica laboral, este cruce es clave: no alcanza con contar empleos formales; también importa qué tipo de vínculo laboral se expande y cuál retrocede.

lr/ff

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