Ante la reducción de frecuencias y la cancelación de servicios de colectivos, rosarinos y habitantes de la región recurren a redes sociales y aplicaciones para organizar traslados compartidos, una alternativa económica y directa.
La baja en las frecuencias y la cancelación de servicios de transporte interurbano de pasajeros han impulsado una práctica alternativa en la región: el viaje en auto compartido o ‘carpooling’. A través de posteos en Facebook, grupos de WhatsApp e historias de Instagram, usuarios organizan traslados más baratos y directos entre Rosario y ciudades como Pergamino, Junín, San Nicolás, Venado Tuerto, Casilda, Paraná, Concordia e incluso Buenos Aires.
La lógica es sencilla: compartir un vehículo particular para dividir gastos. Esta modalidad se consolida como una respuesta al deterioro de las conexiones en colectivo, no solo con localidades santafesinas, sino también con provincias vecinas. Aunque existe la aplicación CarpooleAr para coordinar viajes, los circuitos informales en redes sociales crecen por la inmediatez del contacto entre conductores y pasajeros.
«Desde 2024 me anoto en un grupo de WhatsApp donde los conductores anuncian los lugares disponibles y viajo hasta Junín. Me dejan en la puerta de la casa de mis papás», explica Lucía, estudiante de la Universidad Nacional de Rosario (UNR). Para ella, el viaje compartido cuesta entre $13.000 y $15.000, contra los $19.000 del boleto de colectivo, y reduce el tiempo de viaje de cuatro a dos horas y media.
No obstante, la seguridad es un aspecto a considerar, ya que no siempre está claro con quién se viaja. Los usuarios señalan que, al repetirse los recorridos, se genera una red de confianza. «Terminás aprendiendo con quién viajar y con quién no», expresa Martina, otra estudiante que elige esta opción para volver a Pergamino.
La frecuencia de los viajes compartidos suele ser mayor que la del servicio regular, con salidas cada hora o varias veces al día, según la ruta. El precio es generalmente fijo, aunque puede variar por cambios en el combustible o peajes, y se divide entre los ocupantes. Si un pasajero se baja a último momento, el costo aumenta para el resto.
Si bien el espíritu original es comunitario y de reparto de costos, con la proliferación del servicio también aparecen ofertas informales que buscan un rédito económico, similares a remiserías no habilitadas. La práctica varía según la localidad; por ejemplo, en San Nicolás se organizan viajes en Trafics.
