Ante recientes episodios que involucran a jóvenes, especialistas y la comunidad analizan el rol de los adultos como referentes en el desarrollo emocional de las nuevas generaciones.
Los últimos acontecimientos que tuvieron como protagonistas a adolescentes en situaciones complejas han generado un debate social sobre la crianza y la salud mental. La pregunta «¿qué les pasa a los niños y adolescentes?» lleva a muchos a reflexionar primero sobre el papel de los adultos.
Los niños y adolescentes observan constantemente el comportamiento adulto, tomando de él referencias para construir su propia visión del mundo. Padres, educadores, familiares, profesionales de la salud y la sociedad en su conjunto son modelos involuntarios. De estas figuras, los jóvenes extraen conclusiones sobre lo valioso, lo importante y lo descartable.
Expertos en desarrollo infantil señalan la importancia de la coherencia entre el decir y el hacer de los adultos, así como la calidad de las relaciones interpersonales, el respeto a las normas y el manejo de la comunicación tanto digital como analógica. La presencia, la escucha activa y la verdad en el diálogo se presentan como pilares para ofrecer un refugio emocional ante contextos de incertidumbre.
La responsabilidad de asistir, orientar y contener a los más jóvenes recae en la comunidad adulta. La reflexión sobre las propias conductas y la disponibilidad emocional se plantea como un paso necesario para mejorar el presente y futuro de las nuevas generaciones.
