El 23 de abril de 1976, cuatro jóvenes de Queens lanzaron ‘Ramones’, un trabajo que marcó un antes y después en la música y dio origen a un grito de guerra que perdura.
En 1974, cuatro jóvenes de entre 24 y 25 años, Jeffrey Hyman, John Cummings, Douglas Colvin y Thomas Erdelyi, vivían en Forest Hills, un barrio de clase media en Queens, Nueva York. En una ciudad golpeada por la crisis económica, el desencanto de la posguerra de Vietnam y el escándalo político del Watergate, estos amigos comenzaron a reunirse en bares para ensayar y soñar con formar una banda.
Con camperas de cuero, camisetas rotas y melenas despeinadas pero cuidadas, alquilaron un sótano que un portero les prestaba a cambio de una botella de whisky barato. Allí hacían ruido hasta que decidieron adoptar el apellido artístico Ramone: Jeffrey se convirtió en Joey (voz), John en Johnny (guitarra), Douglas en Dee Dee (bajo) y Thomas en Tommy (batería).
La banda comenzó a tocar en el legendario club CBGB, donde dieron 74 conciertos, a veces de menos de 20 minutos. Su sonido rápido y sucio, sumado a una actitud desenfadada, atrajo a un público fiel. Danny Fields, ex mánager de Iggy Pop, los fichó y consiguió su primer contrato discográfico.
En 1976 grabaron su álbum debut, Ramones, cuya portada los muestra en un callejón del Bowery. Con canciones de tres minutos de duración y limitaciones instrumentales evidentes, el disco rompió con el virtuosismo del rock de la época y sentó las bases del punk-rock. Joey Ramone lo resumió así: «Tocá desde el corazón y seguí tu instinto».
A 50 años de su lanzamiento, el legado de los Ramones sigue vigente, con su grito «Hey Ho! Let’s Go» como un himno que resiste el paso del tiempo.
