La asamblea de socios ratificó la quiebra de la cooperativa láctea, dejando en vilo a más de 900 empleados. El juez ordenó sostener la producción en plantas viables, pero solo 200 trabajadores serán retenidos.
El 30 de abril, en Sunchales, una asamblea extraordinaria de socios de SanCor aprobó por mayoría la quiebra que había sido dictada por la Justicia una semana antes. La decisión puso fin a 88 años de historia del gigante cooperativo santafesino.
La tensión reinó en la sede central de la cooperativa. Días antes, el 22 de abril, el juez Marcelo Gelcich había decretado la quiebra, a pedido del Consejo de Administración (CdA), debido a un déficit operativo insalvable y una deuda superior a los 120 millones de dólares. Un grupo de asociados apeló la decisión, argumentando que el CdA no tenía potestad para solicitar la quiebra sin el aval de la asamblea.
Bajo la supervisión del INAES y la Dirección de Cooperativas de Santa Fe, los socios debatieron durante horas. Algunos defendían alternativas de salvataje, como convertir la cooperativa en Sociedad Anónima o crear un fideicomiso. Otros consideraban la situación irreversible. Finalmente, por mayoría, se ratificó el pedido de quiebra, convalidando la decisión judicial.
El siguiente paso es la liquidación de activos para pagar a más de 1.500 acreedores, entre ellos los trabajadores, que acumulan salarios impagos, aguinaldos, vacaciones e indemnizaciones. SanCor tiene un plantel de más de 900 empleados. Para mitigar el impacto, el juez Gelcich ordenó mantener la producción en plantas que no generan pérdidas, aunque solo hay lugar para 200 trabajadores, que serán seleccionados por ATILRA.
Alejandro Cabrera, delegado de la planta y miembro del Consejo Directivo Nacional de ATILRA, expresó optimismo: «Para nosotros, es el comienzo de algo nuevo. Quien se haga cargo de la marca SanCor sabe que tiene prestigio y calidad. Las fábricas y la mano de obra son lo más importante». Cabrera aseguró que velarán por todos los trabajadores afiliados.
SanCor, que fue un emblema del cooperativismo argentino, entró en crisis a fines de los 90. Tras varios intentos de salvataje y reestructuración, en 2025 inició un concurso preventivo que fracasó por la magnitud de los pasivos y la falta de materia prima. La quiebra fue decretada el 22 de abril de 2026 y ratificada por la asamblea el 30 de abril, cerrando un capítulo amargo para la industria láctea de Santa Fe.
