El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, se reúne esta semana con su par chino, Xi Jinping, en Pekín, en un intento por destrabar las relaciones comerciales entre ambas potencias, afectadas por aranceles y tensiones desde 2018.
La guerra arancelaria iniciada por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, contra China parece comenzar a desescalar con la visita del mandatario esta semana al país asiático. Trump se reunirá con su par chino, Xi Jinping, en busca de destrabar relaciones comerciales que hasta hace diez años eran fructíferas para ambas naciones, pero que desde su primer mandato en la Casa Blanca comenzaron a deteriorarse.
El año pasado, tanto Estados Unidos como China demostraron hasta qué punto podían perjudicarse mutuamente en una guerra comercial. La reunión, que comenzó con un recibimiento amistoso en el aeropuerto de Pekín, tiene como eje central reparar el daño causado entre ambos países.
Trump no viajó solo. A su comitiva política sumó a las principales figuras del establishment estadounidense, incluyendo a directores ejecutivos de firmas como Elon Musk (Tesla y SpaceX), Tim Cook (Apple), Jensen Huang (Nvidia), Robert Ortberg (Boeing), Larry Fink (Blackrock), Stephen Schwarzman (Blackstone), Brian Sikes (Cargill), Jane Fraser (Citi), Jim Anderson (Coherent), Lawrence Culp (GE Aerospace), David Solomon (Goldman Sachs), Jacob Thaysen (Illumina), Michael Miebach (Mastercard), Dina Powell McCormick (Meta), Sanjay Mehrotra (Micron), Cristiano Amon (Qualcomm) y Ryan McInerney (Visa).
Especialistas señalaron que no se volverá a la época dorada de las décadas de 2000 y 2010, cuando el comercio entre ambos países era fluido. Sin embargo, la idea es destrabar la situación actual, que incluyó reubicaciones de empresas para esquivar aranceles y búsqueda de nuevos mercados. Por ejemplo, la agencia AP indicó que muchas empresas estadounidenses han trasladado su producción fuera de China a países como Vietnam e India, mientras que firmas chinas buscaron nuevos clientes en Europa y el sudeste asiático.
Ambos países descubrieron que se necesitan mutuamente. «La idea de que China sea totalmente independiente de nosotros y nosotros de China, creo, es una ficción», dijo a AP el financiero Wilbur Ross, quien fue secretario de Comercio de Estados Unidos durante el primer mandato de Trump. La cumbre se centra en mantener la estabilidad de la relación económica. Se esperan anuncios políticos modestos y que se prorrogue la tregua comercial alcanzada en octubre pasado.
La reunión tiene especial atención de los agricultores estadounidenses, que quedaron excluidos del mercado chino de la soja durante buena parte del año pasado, y de los fabricantes que perdieron acceso a minerales de tierras raras de China, necesarios para productos como teléfonos inteligentes y aviones de guerra. Muchas empresas estadounidenses están reduciendo su presencia en China; Apple trasladó parte de la producción de iPhones a la India y Nike aumentó la producción en Vietnam.
Antes de que Trump impusiera aranceles a las importaciones chinas en 2018, el arancel promedio de Estados Unidos sobre China era del 3,1%. Ahora, incluso tras haber disminuido desde niveles de tres dígitos el año pasado, se sitúa en casi el 48%, según Chad Bown, del Instituto Peterson de Economía Internacional. En 2016, el comercio entre ambos países representaba más del 13% del total estadounidense; el año pasado cayó al 6,4%. México y Canadá superaron a China como principales socios comerciales de Estados Unidos.
El déficit comercial estadounidense con China alcanzó un máximo de 377 mil millones de dólares en 2018, y el año pasado se redujo a 168 mil millones, el nivel más bajo desde 2004. No obstante, China registró un superávit comercial mundial récord de 1,2 billones de dólares en el último año.
La disputa incluyó restricciones a chips informáticos avanzados y cortes en el suministro de minerales de tierras raras. China limitó las exportaciones de tungsteno, un metal usado en defensa y aeroespacial, del cual controla el 80% de la producción mundial. Además, los agricultores estadounidenses sufrieron una caída del 75% en las exportaciones de soja a China durante el año pasado, aunque en octubre se reanudaron las compras tras una tregua.
Los ataques recíprocos demostraron el alcance del daño mutuo. Ahora, hay esperanza de que Trump y Xi Jinping logren bajar la tensión esta semana.
