Cada mayo, la Semana Mundial del Parto Respetado promueve la reflexión sobre el nacimiento. La Dra. María Laura Pujadas, de Maternidad Oroño en Santa Fe, explicó los pilares de este enfoque basado en derechos, evidencia científica y autonomía de la persona gestante.
Cada mes de mayo, la Semana Mundial del Parto Respetado invita a reflexionar sobre las formas en que nacemos y cómo se acompaña ese momento. Según especialistas, el «parto respetado» o «humanizado» no es una moda, sino un concepto que involucra derechos humanos, evidencia científica y autonomía de la persona gestante.
El proceso del nacimiento constituye una de las vivencias más profundas para las familias. La necesidad de contención afectiva y el manejo de los miedos asociados al fin de la gestación son ejes centrales de la atención médica contemporánea. La transición hacia la maternidad suele estar acompañada de dudas sobre el dolor, los procedimientos hospitalarios y el bienestar del niño por nacer. Por este motivo, desarmar la incertidumbre y consolidar un espacio de seguridad y confianza se vuelve una tarea prioritaria para los equipos de salud.
Redefinir el protagonismo en la sala de partos
La Dra. María Laura Pujadas, Médica Obstetra y Puericultora de Maternidad Oroño, afirmó: «El concepto central es devolverle a la mujer y a su familia el protagonismo». Esta noción sitúa las necesidades y decisiones de la persona gestante en el núcleo de la práctica asistencial.
La especialista aclaró que este respeto va más allá de factores estéticos o ambientales. «No se trata únicamente de elegir la música o la luz de la sala, sino de garantizar pilares fundamentales como el derecho a recibir información clara sobre cada intervención, el respeto a los tiempos biológicos de cada cuerpo y el derecho irrenunciable a estar acompañada por una persona de confianza en todo momento», declaró.
La obstetricia moderna enfrenta el desafío de conjugar rigurosidad técnico-científica con sensibilidad humana. «Humanizar la asistencia médica es el desafío de encontrar el equilibrio justo entre la seguridad clínica y la calidez humana», destacó la Dra. Pujadas.
La base conceptual de este enfoque radica en una definición: «El parto es, ante todo, un evento fisiológico y emocional, no una enfermedad». Al despatologizar este momento, la medicina adopta una postura de custodia activa y respetuosa.
«El consejo primordial desde la obstetricia es defender la individualización del cuidado: no existen protocolos rígidos que funcionen para todas por igual, y nuestro rol es custodiar la salud permitiendo que la paciente se mueva, elija su posición y sea escuchada», describió la obstetra.
Asimismo, la comunicación fluida es un requisito indispensable. «Es fundamental que el equipo médico explique cada procedimiento que se realiza en el momento; que la paciente se informe previamente es vital, ya que existen muchas decisiones que pueden y deben tomarse de manera conjunta», señaló.
Sin embargo, el criterio clínico y la protección de la salud imponen límites cuando se presentan complicaciones. «Existen situaciones de riesgo para la embarazada o para el bebé donde la intervención médica es necesaria para garantizar la seguridad de ambos», aclaró la Dra. Pujadas.
El reconocimiento de la soberanía de la paciente sobre su propio cuerpo constituye el eje motor del parto humanizado. Esto incluye también a aquellas mujeres que, tras recibir información, eligen una cesárea programada. «El respeto a su autonomía y a su deseo sobre su propio cuerpo es, en esencia, respetar su derecho a un parto humanizado», agregó la especialista.
El vínculo inmediato y los beneficios de la «hora sagrada»
Desde la perspectiva de la puericultura, el nacimiento no termina con la salida del bebé. «El nacimiento no termina con la salida del bebé, sino que continúa en ese vínculo inmediato que se gesta en la piel», detalló la Dra. Pujadas.
«Un nacimiento respetado facilita la cascada hormonal de la oxitocina, fundamental no solo para el proceso de parto, sino para una bajada de leche más fisiológica y un puerperio más calmo», explicó la experta.
«Mi recomendación aquí es priorizar siempre que sea posible la ‘hora sagrada’, ese contacto piel a piel ininterrumpido que regula al recién nacido y empodera a la madre en su capacidad de nutrir y cuidar», destacó la profesional. «Cuando una mujer se siente respetada en sus decisiones y en su cuerpo, el impacto positivo trasciende la sala de partos», añadió.
La preparación previa durante las últimas semanas de gestación es fundamental. «Los cursos y encuentros de preparto ocupan un lugar fundamental sobre el final de la gestación: son el espacio donde la pareja recibe e intercambia información con los profesionales y con otras familias, transformando la incertidumbre en confianza», resaltó la Dra. Pujadas.
«Como profesionales y como sociedad, debemos trabajar para que cada familia llegue a ese momento con menos miedos y más certezas, sabiendo que el objetivo no es alcanzar un estándar ideal, sino que cada mujer se sienta la verdadera protagonista de su propia historia», concluyó la especialista.
