El reciente anuncio de un acuerdo marco entre Estados Unidos e Irán generó impacto en el tablero internacional. El entendimiento bilateral descomprime la tensión en el estrecho de Ormuz y busca estabilizar el mercado petrolero, en un contexto de necesidades políticas internas para la administración estadounidense.
El reciente anuncio de un acuerdo marco entre Estados Unidos e Irán marcó un punto de inflexión en la seguridad del estrecho de Ormuz. Según detalló el analista internacional Joaquín Bernardis en CyD Litoral, el entendimiento bilateral descomprime la tensión en una de las vías marítimas más vigiladas del planeta y estabiliza el comercio de crudo.
Bernardis explicó: “Donald Trump busca sumarse algo más a esta cadena de logros. No solo por lo que significa el estrecho de Ormuz para los Estados Unidos, sino por lo que representa para su imagen a nivel mundial conseguir estos acuerdos”. El pacto permite a Washington posicionarse desde la óptica del “poder blando”, mostrándose ante la comunidad internacional como una potencia abierta y dialoguista.
Una de las particularidades de este nuevo escenario es el desplazamiento de las potencias europeas en las negociaciones. Meses atrás, el mandatario estadounidense había solicitado formalmente la colaboración de sus aliados del Viejo Continente para custodiar y liberar el tránsito en Ormuz. La respuesta no fue la esperada y provocó rispideces bilaterales, fundamentalmente con el Reino Unido y su primer ministro, Keir Starmer, debido a la reticencia británica a plegarse de lleno a la estrategia norteamericana en Medio Oriente. Con el acuerdo encarrilado de forma bilateral y mediante mediadores específicos, la postura de la Casa Blanca cambió. “Hoy Trump ve con buenos ojos que participen otras flotas en garantizar la libre navegación, pero si los países europeos quieren aportar algo, la verdad es que ya no le interesa demasiado”, apuntó el analista.
El trasfondo más urgente para la administración norteamericana se juega dentro de sus propias fronteras. El entendimiento con Teherán funciona como un paraguas político para pavimentar el camino hacia las elecciones de medio término. Para el ala dura del Partido Republicano, sostener un conflicto armado abierto en el extranjero durante el año electoral representaba una contradicción directa con sus promesas de campaña. “Hubiese sido un problema muy grave llegar con varios meses de conflicto a las elecciones internas”, advirtió Bernardis y recordó que el sector que responde al presidente promueve activamente evitar incursiones militares internacionales.
