El gobierno de Brasil decidió retirar a su embajador en Buenos Aires y reducir la representación bilateral al nivel de encargados de negocios, en respuesta a declaraciones del presidente argentino. La Cancillería argentina emitió un comunicado en el que lamentó la decisión y negó haber tomado medidas institucionales similares.
El gobierno de Brasil, encabezado por Luiz Inácio Lula da Silva, notificó formalmente la decisión de retirar a su embajador en Buenos Aires y rebajar la representación bilateral al nivel de encargados de negocios. La medida fue comunicada a la administración argentina y se enmarca en una serie de tensiones diplomáticas entre ambos países.
La Cancillería argentina, dirigida por el ministro Pablo Quirno, emitió un comunicado oficial en el que expresó que «toma nota» de la decisión brasileña. El texto también señaló que el gobierno argentino lamenta que Brasil «continúe aislándose de la región por cuestiones ideológicas».
La decisión de Itamaraty se produjo después de que el presidente argentino, Javier Milei, participara en un acto político en San Pablo junto a dirigentes de la oposición brasileña. En ese evento y en entrevistas posteriores, Milei se refirió al presidente Lula con calificativos como «ladrón», «corrupto» y «presidiario».
Fuentes diplomáticas brasileñas indicaron que la reiteración de ofensas hacia el presidente Lula hizo inevitable la medida. Desde el Palacio del Planalto se explicó que la paciencia llegó a su límite ante la acumulación de agravios institucionales.
En declaraciones radiales, el canciller Quirno afirmó: «Para pelearse hacen falta dos. No cuenten con Argentina para eso». Además, señaló que las expresiones de Milei forman parte de «episodios de expresiones y respaldos políticos cruzados» y que la Argentina «nunca respondió a esas diferencias con una medida institucional».
Quirno también recordó la visita que Lula realizó a la entonces presidenta Cristina Fernández de Kirchner antes de las elecciones, y sostuvo que en ese momento Buenos Aires no presentó quejas por injerencia, por lo que consideró los insultos actuales como «reglas del juego».
La reducción de la representación diplomática a nivel de encargados de negocios implica la ausencia de embajadores en ambas capitales, lo que afecta la agenda bilateral en áreas como comercio, integración energética y políticas fronterizas.
