La autora cordobesa presentó su nuevo libro «Ellas», una colección de cien historias cortas sobre la experiencia femenina, en el hotel Anselmo de San Telmo. En una rueda de prensa, habló sobre su proceso creativo, el impacto de la inteligencia artificial y la polémica por la Ley del Libro.
Un cielo plomizo y un frío intenso se ciernen sobre Buenos Aires. Pero cuando el fotógrafo le propone a Viviana Rivero asomarse a la terraza para probar unas tomas, accede con una sonrisa. Un rato más tarde abrazará una taza de té caliente y se entregará a la charla en el hotel Anselmo, en San Telmo, donde encuentra esta rueda de prensa a la autora cordobesa (que vive mitad del año en sus pagos y la otra mitad en Madrid).
Acaba de publicar «Ellas» (Plaza & Janés), un libro de cien historias cortas que reúne relatos propios y ajenos sobre lo dulce y lo amargo de ser mujer, con voces que van de una estudiante a una empleada doméstica y llegan hasta sus propias amigas íntimas. «Traté de buscar que la mujer que lo lea se encuentre en alguna de esas historias y no se sienta sola», cuenta sobre el propósito que persiguió al escribirlo.
Noticias: Este libro es muy distinto a todos los anteriores. ¿Cuál fue el quiebre?
Viviana Rivero: Charlando con mi hermana me contó que le estaba costando mucho leer novelas, porque era un compromiso muy grande. Y pensé que si le pasa a ella, que era tan lectora, también le pasa a otros. Hoy hay muchas cosas que compiten por la atención, a veces te quedás hasta tarde y ni siquiera es mirando una serie, sino en redes sociales. Siempre había querido hacer microrrelatos, y aunque no son tan micro, sí es algo no tan comprometido, que podés leer y cortar y si hace dos días que no leés no te cuesta pensar quién era determinado personaje. Y si te queda corto, te leés tres. Luego pensé en el tema y me gustó la idea de hacer los tragos dulces y amargos que nos tocan por ser mujeres.
Noticias: ¿Cuánto hay de experiencia propia?
Rivero: Empecé escribiendo mis relatos, y después pensé en invitar a más mujeres. Una de 20 que me cuente lo que le pasa, otra de 80, a una estudiante o a una vendedora de ropa, a una empleada doméstica. Y empecé a pedir que me cuenten las cosas dulces por las que decimos «qué bueno que soy mujer» y las amargas por las que a veces decimos «qué bronca que soy mujer». Me sorprendió mucho cómo se abrieron. Algunos son relatos de mis amigas íntimas, otros de mujeres que fui conociendo. Algunas me pidieron que cambie los nombres y otras no, pero todas son reales.
Noticias: ¿Siente que le salió un libro feminista?
Rivero: Hice un libro con las libertades que necesitamos, pueden ponerle el nombre que quieran. Si le queda bien feminismo, se le pone. Pero hay cosas que necesitamos: libertades, protecciones propias del género. Yo traté de desnudar eso. En algunos lugares somos vulnerables y somos muy fuertes en otros, damos mucho también. Cuando los padres se ponen viejitos, por ejemplo, siempre son las mujeres las que cuidan. Nosotras ponemos el cuerpo. Damos y damos y parece normal, pero no es tan normal, requiere un montón de sacrificios. Si quieren decir que es un libro feminista, lo pueden decir. Pero esa palabra también se ha usado para dividirnos. Esta es feminista, esta no, esta quiere el aborto, esta no. Este libro dice «esto somos», y por momentos somos muy fuertes, y otros no. Puedo pedirle a mi marido que me alcance algo pesado, pero hay instancias en las que soy de hierro y él se me desarma. Una lectora me contó que se lo había dado a su hijo varón de 20 años y él le había dicho: «No tenía idea de que las mujeres pasaban por todas esas cosas». Está bueno que el hombre joven lo sepa de antemano, para que pueda leer algunas cosas como injusticias. Los más grandes se criaron con eso, y aunque tal vez se den cuenta, es cómodo seguir en ese lugar. Pero tengo un hijo de 26 que vive en Australia con una novia, y a veces cuando lo llamo está pasando la aspiradora o cocinando. Veo que hay un cambio en esa generación.
Noticias: Cumplió 60 años en febrero, ¿cómo le sentó el número redondo?
Rivero: Impresiona. Cuando era joven pensaba en alguien de 60 como muy viejo, y ahora me doy cuenta de que llevo una vida muy parecida a la que tenía a los 40… Salvo por llevar a los chicos al colegio, hago prácticamente las mismas cosas. Hoy los jóvenes son como chicos hasta los 35 y nosotros a los 18 éramos grandes. Los abuelos antes desaparecían de la tierra a los 80, y el padre de mi marido tiene 93 y maneja, está bárbaro. Es como si todo se hubiera extendido.
Noticias: Dijo que a los lectores les está costando encontrar el tiempo para concentrarse y leer, ¿le pasa a usted al escribir?
Rivero: En el primer tiempo de escritura puede ser, porque todavía no están tan vivos los personajes. Pero una vez que ya tengo el 30%, ya me llaman, mis personajes que se están vivos y quieren encontrarse o lograr ciertas cosas. Ahí ya no me quiero ir a hacer otra cosa porque está muy interesante. Es más, sé qué parte va a ser especialmente interesante para el lector porque a mí me atrapa escribirlo.
Noticias: ¿Tiene un esquema de trabajo?
Rivero: Soy diurna. Una vez que le das la fecha a la editorial hay que sacar el libro como sea, entonces a veces es pleno invierno, grados bajo cero, 6 de la mañana y no hay nadie despierto, solamente yo prendiendo la luz y subiendo la calefacción para encerrarme a escribir. Es un buen horario, porque nadie molesta. Y si ya agarré concentración, voy a estar concentrada el resto del día. Hago jornadas largas, de diez horas, sobre todo cuando me estoy acercando al final. A veces mi marido se va a la mañana y vuelve a la noche y no puede creer que sigo ahí, que a duras penas comí un pancito con queso en todo el día…
Noticias: En tiempos de IA, ¿la ayuda para algo o la atemoriza?
Rivero: Para la investigación no es segura. Para lo que estoy escribiendo ahora había un dato que necesitaba que tenía que ver con las Islas Malvinas, quería saber si alguna vez las madres de los soldados ingleses se habían juntado con las madres de los argentinos, y la IA decía que sí. Me puse en contacto con veteranos y descubrí que nunca hubo un acto. Pueden haberse cruzado, pero nunca hubo nada oficial ni concreto, y la IA insistía. Para la investigación no confío. Puedo usar Google para que me diga si hay un libro escrito sobre ese tema, y ahí salgo a buscarlo. Pero al final siempre es mejor la gente: estaba buscando un libro que me había recomendado y como no lo conseguía pregunté en redes si alguien sabía dónde hallarlo. Finalmente una lectora me ayudó y el libro apareció.
Noticias: Antes de ser una autora bestseller fue abogada. ¿Cuánto de esa vida influye en la que tiene hoy?
Rivero: Creo que a veces aparece esa veta en lo meticulosa. Escribo novela histórica, así que hay que ser muy prolija con los años y los datos. Nunca se va a ver nada forzado ni hay errores, por lo menos en los 16 libros que llevo escritos jamás me han dicho nada. Me da mucha satisfacción hacerlo bien, porque hay muchos lectores que disfrutan justamente ese contexto.
Noticias: Hoy los autores se relacionan de forma mucho más directa con sus lectores gracias a las redes, ¿cómo fue cambiando su comunidad?
Rivero: Cuando empecé estaba Facebook ya, hoy también tengo Instagram. Y cuando comencé y venía a Buenos Aires con las primeras lectoras nos hicimos amigas. De hecho, hay historias en este nuevo libro que son de lectoras que hoy son amigas. Cuando mi hijo se vino a estudiar en un momento se quebró la mano y yo tenía un viaje, y una de mis lectoras me dijo: «Yo me encargo, no te preocupes». La chica que vendió «Secreto bien guardado» para que se hiciera serie era una lectora, y con los años nos hemos hecho amigas. La red a veces sirve para algo más profundo todavía, pero yo lo tuve desde el comienzo.
Noticias: ¿Está llena de ideas o a veces le cuesta saber con qué seguir?
Rivero: Tengo siempre muchas. Me preguntabas de la inteligencia artificial, yo soy profesora de una materia online de la Universidad de Valencia, y cuando veo a un chico que usó inteligencia artificial tengo que decirle «te estás equivocando de carrera». Porque si alguien quiere que su trabajo lo haga una máquina, es porque no le gusta lo que hace. A mí me gusta lo que hago y no quiero que lo haga una máquina, quiero ser quien elija las palabras, arme el argumento. Mi hija hace ilustraciones para niños, y pienso qué pasa si una máquina empieza a dibujar por ella o escribir por nosotros, todas cuestiones artísticas del ser humano. ¿Qué vamos a hacer entonces nosotros, cosas que no nos gustan? Yo ya tengo 60 años pero me atormenta pensar qué hubiera pasado si en mis comienzos hubiera estado disponible esta herramienta. Tal vez no hubiera comenzado a escribir.
Noticias: Ha habido polémica con la Ley del Libro, ¿qué opina al respecto?
Rivero: Me asusta, porque no sé adónde nos lleva. Hay una realidad: el eslabón más débil siempre es el escritor. El escritor solo gana el 10%, si el libro sale 40.000 solo 4000 vienen a mí, siempre es así. Si te haces más famoso como mucho podés ganar un 12%. Ni para Isabel Allende hay más, el resto se divide entre el librero y el editor. Entonces si se libera el precio la primera en caer sería la librería chiquita, segundo las grandes cadenas, ¿porque quién va a poder aguantar vendiendo al costo? Solo Amazon, Mercado Libre. Ellos van a manejar todo, y quizás los escritores tengamos que negociar con ellos. Y de repente te tenés que sentar con esos monstruos y tal vez te dicen que te pueden pagar una cantidad muy baja, porque hoy también hay libros hechos con inteligencia artificial que se pueden vender mucho más baratos, y tenés que conceder. Es muy lindo ir a una librería donde el que atiende es el dueño, te conoce por el nombre, sabe tu gusto y hasta te guarda algo que le puede parecer de tu estilo. Me preocupa el final del camino.
