El actor Diego Bollero encabeza la puesta teatral «Rojos, Globos, Rojos», de Eduardo Tato Pavlovsky, que tendrá su última función el domingo 11 de octubre a las 20.30 en La orilla infinita (Colón 2148). La obra, estrenada en 1990, aborda la resistencia de un grupo de actores ante el cierre de su teatro.
Diego Bollero, protagonista de la puesta teatral Rojos, Globos, Rojos –obra de Eduardo Tato Pavlovsky estrenada en 1990 y actuada por el mismo dramaturgo junto a Susy Evans y Elvira Onetto–, se refirió al desafío que implicó esta nueva adaptación y destacó la vigencia de la obra en la realidad actual.
Rojos, Globos, Rojos tendrá una última función el domingo 11 de octubre, a las 20.30, en La orilla infinita (Colón 2148). Además de Bollero, actúan Estella Argüello y Laura Fuster. La dirección general es de Francisco Alonso; el diseño de iluminación y escenografía de Niche Almeyda; el vestuario y maquillaje de Lorena Salvaggio; y la música original de Claudio Lo Giudice.
La obra giró por varios países y fue estrenada en 1990. En Rosario se vio en el CEC en 1995, con Pavlovsky en el rol protagónico. «Quisimos traerla a Rosario y hacer una adaptación local porque la obra va nombrando actores, lugares de Buenos Aires y nosotros adaptamos esa parte a nuestra ciudad y nombramos actores más viejos de la ciudad; después la sinopsis argumental de la obra es la misma; básicamente es un grupo de actores del interior resistiendo al cierre de su teatro, al recorte de la cultura, un poco lo que pasó en los 90 y está pasando ahora», dice Bollero.
La obra es un reflejo de una época con postulados que obedecían a lo que Pavlovsky llamaba el teatro de la resistencia, con microescenas. «Se trata de la resistencia de tres actores ante la inminente cierre de su sala, y hacen funciones una tras otra mientras hablan de sus relaciones, hay como un triángulo amoroso entre los personajes, hablan del paso del tiempo, de la vejez, del amor, de estar como detenidos en el tiempo en ese lugar. En la obra se dan momentos de representación y momentos de la trastienda, porque en la misma puesta en escena también está el camarín, es decir, lo que pasa atrás de la representación y lo que pasa adelante con el público, todo en un mismo lugar», explica Bollero.
Consultado sobre si fue un desafío encarnar al personaje que interpretaba Pavlovsky, que también lo hizo Raúl Rizzo en una de sus últimas adaptaciones, Bollero apuntó: «Sí, además porque Pavlovsky escribía las obras para representarlas él mismo, entonces se hace difícil, requiere de una adaptación sí o sí; Pavlovsky se buscaba un director amigo para que él pudiera darle las indicaciones que necesitaba, ponía mucho de sí en esa escritura dramática y en la puesta en escena también, pero hay algo muy interesante en esta obra y es que él dejó liberada la obra para que cada director la adapte a partir de su mirada, a leer los personajes y la historia desde su mirada. Hay un libro que escribió sobre esta obra donde dice de movida que cada uno que la adapte lo podrá hacer a su manera; en otras obras da muchas indicaciones sobre la puesta y los actores».
Acerca de cuánto le lleva la construcción de un personaje como ese, Bollero aclara que «en el caso del Cardenal (así se llama su personaje) tiene que ver con lo que se va construyendo en escena a partir del texto, de una situación dada, los actores que están allí, que tienen determinada edad; los tres que actuamos tenemos ya mucha experiencia en la actuación entonces hacemos jugar el bagaje que cada uno trae».
El actor rosarino señala que la obra tiene vigencia porque habla de la desmemoria y de la resistencia contra los embates neoliberales: «Sí, nosotros hicimos la obra sin ningún apoyo, la hicimos en forma colectiva, a través de una cooperativa entre los actores y el director; hoy el teatro tiene muy poco apoyo nacional, provincial y municipal».
Sobre qué aporta el teatro hoy como resistencia a los discursos de odio y a la denigración desde el propio gobierno nacional, el también director y dramaturgo apunta: «El teatro es un arte vivo, uno puede decir ciertas cosas y el público está ahí presente, tiene una llegada más inmediata a la gente; hoy estamos lidiando además para que el público vaya a las salas y que tiene que ver con que no hay apoyo de los gobiernos, o que apoyan determinado teatro y otro no; pero en relación a lo que aporta el teatro, es que fundamentalmente permite que se den otro tipo de mensajes».
