El Equipo Argentino de Antropología Forense confirmó la identificación de un estudiante universitario secuestrado en 1976. La cifra de personas restituidas en la fosa clandestina más grande del país asciende a 122.
El Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) confirmó una nueva identificación en el Pozo de Vargas, el centro clandestino de inhumación ubicado en Tafí Viejo, al noroeste de San Miguel de Tucumán. Se trata de Carlos Rafael Medina González, un estudiante universitario de 20 años que fue secuestrado en su domicilio en abril de 1976, durante los primeros meses de la última dictadura cívico-militar.
Con este hallazgo, la cifra de personas cuyos restos han sido restituidos con nombre y apellido en esta fosa asciende a 122, sobre un total de al menos 149 personas halladas en el lugar.
El Pozo de Vargas es la fosa clandestina más grande del país. Según el sitio oficial del EAAF, se trata de «una construcción circular de tres metros de diámetro y 37 de profundidad». En 2004, el Grupo Interdisciplinario de Arqueología y Antropología de Tucumán (GIAAT) realizó las primeras pruebas que permitieron determinar la presencia de restos humanos. En los años siguientes, luego de atravesar obstáculos presupuestarios, comenzó una excavación arqueológica que requirió casi dos décadas de trabajo, llevada adelante en su mayor parte por el Colectivo de Arqueología, Memoria e Identidad de Tucumán (CAMIT).
El EAAF detalló que «la forma en la que fueron arrojados los cuerpos, la estructura interna del pozo y la humedad del ambiente, y las características de la excavación tuvieron como consecuencia que los restos óseos que se fueron levantando a lo largo de años de trabajo estuvieran mezclados y fragmentados: no se recuperaron esqueletos individualizables como suele ocurrir, en general, en las inhumaciones que se realizaron en los cementerios sino 38.000 restos óseos, junto con otras evidencias, como ropa y pequeños objetos. Además, no se encontró ningún registro documental que contuviera información sobre cuántas personas habían sido arrojadas o de dónde provenían. Esta situación supuso un trabajo complejo en extremo tanto para la antropología como para la genética».
El EAAF comenzó a recibir los restos en 2011 para determinar cuántas personas habían sido inhumadas en el lugar. Hasta el momento, estableció en 149 el número mínimo de individuos a través de los perfiles genéticos y comenzó el proceso de identificación y de reagrupación intraesqueletal, es decir, de volver a reunir todos los huesos que pertenecen a cada uno de los 121 hombres y 28 mujeres recuperados de la fosa común.
