La emprendedora de sándwiches viajará a Buenos Aires para ver a la banda coreana tras meses de trabajo. La historia incluye un diagnóstico de autismo y un cambio en su vida personal.
Lucía Brandana, de 31 años, comenzó en enero de este año un emprendimiento de sándwiches con el objetivo de asistir al concierto de BTS en Buenos Aires. Trabajó durante meses caminando varios kilómetros diarios para vender, según relató.
«En enero anuncian el tour y veo que el show es en Buenos Aires. Se me ocurrió hacer sándwiches de miga, aunque yo nunca había emprendido con comida, tenía un emprendimiento de ropa. El primer día que salí a vender fui por mi barrio y no vendí nada. Me volví a mi casa, me saturé porque me afectó, me largué a llorar un montón y dije: ‘No, yo tengo que volver a salir hoy, porque si no pierdo los sándwiches, se van a poner feos’. Así que agarré, fui para el Parque España y vendí todo en 40 minutos», declaró.
La emprendedora conoció a la banda coreana a principios de 2020, un período que describió como complejo por la pandemia y por una lucha personal contra la depresión y la soledad. «Es una banda que habla mucho de resiliencia, trabajo en equipo, perseguir tus sueños, cuestionarte el sistema en el que vivimos, qué es lo que vos realmente querés ser. Eso me hizo sentir acompañada en algo mucho más profundo. El 2020 fue uno de los años más difíciles de mi vida, quedé en coma por intento de suicidio, fue un quiebre. Después viví una situación de violencia intrafamiliar más cerca de fin de año. Fueron muchas cosas que se fueron acumulando, que me fueron socavando por dentro. BTS me acompañó durante todo eso porque yo sentía que no tenía nada ni a nadie, estuve muy sola. Me había quedado sin amigos y me había peleado con toda mi familia», sostuvo.
En 2022, su entonces pareja le presentó a Jesucristo. Lucía afirmó haber pedido una señal para experimentar esa fe. «Literalmente sentí que el ambiente espiritual en mi casa había cambiado, empecé a sentir que algo se estaba destapando. Empecé a sacar mucho trauma afuera, a partir de ahí empiezo a leer la Biblia todos los días. No me congregaba a ningún lado. Es más, yo salí a buscar ayuda para que me orienten. De a poco, mi vida se fue ordenando a partir de Cristo y pude aprender a perdonar. Cuando parpadeo, había pasado ya un año y medio y empecé a recuperar vínculo con mi familia», expresó.
La meta de asistir al show se convirtió en una vía para transmitir un mensaje: «Quiero llevar mi cartel de Jesús para que lo vea la gente en el estadio, siempre con respeto, sin imponer, como hicieron conmigo. Yo no soy de una religión, aunque en categoría sería cristianismo evangélico, porque seguimos el evangelio; yo sigo a Jesús y tengo convicción de eso. Yo sabía que Argentina iba a tener uno de los VIPs más caros, 1.560.000 pesos pagué de entrada, lo pagué sin dolor, fue como: ‘Yo sé que a esto vine, trabajé por esto todo el verano’. Me esforcé mucho para poder pagar el soundcheck, mi sueño es que BTS vea mi cartel».
Lucía trabaja desde los 18 años, pero señaló que solía enfrentar desvinculaciones o renuncias. A los 28 años decidió acudir a una consulta profesional. «En ese punto pensaba: ‘¿Cómo voy a hacer para mantenerme sola? ¿Voy a vivir de mis padres toda la vida?’. En 2023, a los 28 años, fui a una profesional, me entrevistó y me dijo que tenía autismo de grado uno, que es el famoso Asperger y altas capacidades cognitivas. Tengo pendiente la confirmación de TDAH, se llama triple excepcionalidad. Ahí entendí por qué yo, a pesar de ponerle tanto esfuerzo, voluntad y buena onda, nunca podía sostener un trabajo», manifestó.
Sobre el impacto del diagnóstico, agregó: «Durante muchos meses, después de la confirmación, me sentí con la autoestima muy baja, es el tipo de noticias que te cambia la vida porque sabes que no se puede deshacer. Se llama neurodivergencia, mi cerebro tiene una estructura diferente, funciona diferente. Puedo hacer lo mismo que hacen los demás, pero de otra manera, con otros tiempos y el mercado laboral no se adapta a los tiempos de mi cerebro».
Dentro de su cuadro de neurodivergencia, Lucía experimenta disejecutividad, una alteración que dificulta la organización y la concreción de proyectos. Tras adquirir su entrada, pausó la venta callejera para descansar y se dedicó a planificar el viaje.
A mediados de 2025, comenzó a realizar transmisiones en vivo en TikTok. La cuenta pasó de 50 seguidores a más de 31.000. «Nunca quise ser famosa, pero siempre supe que iba a ser conocida, no sabía cómo ni cuándo. Después de conocer a Cristo, estando en un lugar sano, estable y sin buscar validación, decidí empezar a exponerme en redes sociales», dijo.
En enero de este año, su historia se viralizó en Instagram. Una agencia de turismo la abordó en la vía pública y le ofreció sumarse al viaje hacia Buenos Aires. «Ahora coordino un contingente de gente. Voy una semana a Buenos Aires y está todo cubierto por la agencia de turismo con la que trabajé para hacer el paquete de viaje. No pagué nada, me lo pagó Dios», afirmó.
Lucía indicó que no monetiza sus redes sociales y que recibe canjes de emprendedores locales. «Yo no hago plata en las redes, no sé cómo lo viven los demás creadores de contenido. A mí empezaron a llover canjes, de otros emprendedores, pero no cobro nada. Para mí, ya es una bendición que me den algo. Mirá si no voy a mostrar tu emprendimiento en mis redes, si a mí Dios me bendijo con esta audiencia», expresó.
Confirmó que continuará con la venta de sándwiches: «Voy a seguir vendiendo sándwiches cuando vuelva del concierto, porque gracias a Dios, ahora tengo esta bendición de un trabajo. No es fijo el ingreso, yo vivo sola en la casa de mi familia de toda la vida, no alquilo. Si quisiera irme a vivir a mi propio lugar y alquilar, no podría ni comer con el emprendimiento. Este trabajo me ayuda a pagar cosas para mis gastos, pero si mis papás no me ayudaran por mes, no sé qué hago. Con el emprendimiento gestiono mi tiempo, es una bendición enorme. A mí me gusta laburar así porque miro los árboles, respiro, si necesito hacer una pausa, la hago, me gusta conocer gente y así me pasaron cosas re locas».
Respecto de su visibilidad, sostuvo: «Lo que ven en las redes, no es un personaje, yo soy así. Eso a la gente le copó. Recibí mucho apoyo que siento que me queda grande, a veces siento que no lo merezco, por eso sé que es Dios. Es una responsabilidad muy grande, si tenés mucha gente bancándote, tenés que ser ejemplar. Creo que si terminaste en un lugar de visibilidad, si tenés moral, tenés que saber que tu vida está dando un ejemplo y no podés lavarte las manos».
Finalmente, reflexionó: «Haberlo logrado a mí me representa en lo personal algo enorme, pasé de estar en una cama de hospital por haber intentado quitarme la vida a estar llena de vida, a haber perdonado, y a tener buena relación con mi familia. Siento que Dios me está abriendo puertas re grandes, aparecen todo el tiempo recursos para todo lo que voy necesitando. No lo vivo desde el fanatismo, lo vivo desde un llamado. De verdad, siento que quiero compartir la palabra de Dios porque fue lo que me salvó».
