La Cancillería del Gobierno argentino que preside Javier Milei, trabaja para evitar que la Unión Europea (UE) coloque a la soja en una “lista negra” que le impida a la Argentina continuar con las exportaciones de biodiesel al “Viejo Continente”.
Hoy dichas exportaciones en combustible derivado de aceite de soja representan un negocio de U$S 400 millones y podrían alcanzar los U$S 1200 millones, según estiman en el sector.
Se trata de la primera prueba de fuego que tendrá el futuro embajador ante la UE y el Reino de Bélgica, Fernando Iglesias, quien se encuentra en negociaciones para evitar la resolución que impediría a la Argentina la exportación de soja, y de cualquier producto derivado de ella. Iglesias expuso en la Comisión de Acuerdos la semana pasada, tiene su pliego está pendiente de aprobación en el Senado, lo que sucederá el próximo jueves de no mediar contratiempos.
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En la Cancillería que conduce Pablo Quirno, es el Secretario de Relaciones Económicas Internacionales, Fernando Brun quien también lleva adelante las conversaciones, en un contexto de mucho hermetismo. También colabora en las tratativas el agregado agrícola de la sede diplomática argentina, Gastón Funes.
La UE abrió una instancia técnica para que los países pudiesen rebatir la decisión apelando a argumentos que rebatan la posición “ambientalista” de la UE. Ese plazo para que los países presenten sus propios estudios venció la semana pasada, según pudo saber PERFIL, aunque en el Palacio San Martín no dan mayores precisiones. La Cámara Argentina de Biocombustibles (CARBIO) colabora en las precisiones técnicas que entre otros puntos señalan, que la superficie de siembre del cultivo en la Argentina se redujo en los últimos años.
Se trata en efecto de una medida que tomó la UE casi en paralelo al anuncio del acuerdo Mercosur UE, que se entiende como una traba “paraarancelaria”. La decisión europea se basa en el criterio de Cambio Indirecto del Uso del Suelo (ILUC), es decir un criterio estrictamente ambientalista. Hoy, el continente europeo es el único destino de las exportaciones de biocombustibles, luego de que se cayesen otros mercados. El resto de la producción de biocombustibles se destina al mercado interno.
La Argentina no solo exporta biodiesel derivado del aceite de soja, sino que también exporta aceite de soja y porotos, para los productores de combustibles no fósiles en el “Viejo continente”.
La ratificación por parte de la UE de la medida podría derivar en un sobre stock de oferta que haría bajar el precio de toda la cadena de la oleaginosa. La medida también tendrá impacto en otros países productores de soja como EE.UU. y Brasil.
