jueves, 19 marzo, 2026
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En un fuerte mensaje, la Iglesia pidió sostener la democracia y alertó por tendencias autoritarias

La Conferencia Episcopal Argentina (CEA) volvió a poner el foco en la historia reciente al recordar los 50 años del golpe de Estado de 1976 y sostuvo que “hoy los ciudadanos volvemos a decir Nunca Más” a una dictadura, al tiempo que reafirmó la necesidad de construir “siempre más una democracia justa”. En ese marco, el documento incluyó advertencias sobre el presente político y social.

El texto, elaborado por la Comisión Permanente presidida por monseñor Marcelo Colombo, definió al 24 de marzo de 1976 como “el inicio de esa oscura noche en nuestra historia”, en referencia al terrorismo de Estado que se extendió durante siete años hasta el 10 de diciembre de 1983, cuando se recuperó el orden democrático.

En esa línea, los obispos insistieron en la necesidad de sostener una memoria activa y sin recortes. “Nunca se avanza sin memoria, no se evoluciona sin una memoria íntegra y luminosa”, señalaron al citar al Papa Francisco en su encíclica Fratelli Tutti, al tiempo que rechazaron la idea de “dar vuelta la página” sin revisar lo ocurrido.

El documento también incluyó una autocrítica. “Reconocemos la gravedad de lo acontecido en esos años violentos y comprendemos que la memoria exige una autocrítica, de la sociedad y la Iglesia presente en ella”, plantearon, con la intención de recuperar el sentido de fraternidad entre los argentinos.

En paralelo, la declaración avanzó sobre el presente con una advertencia directa sobre el clima político. “Vivimos una época con una tendencia creciente al autoritarismo”, señalaron, y agregaron que existe una lógica donde “predomina la ideología de la supervivencia del más fuerte sobre el más débil”, lo que fue leído como una crítica implícita al enfoque económico del Gobierno.

En ese contexto, remarcaron que los populismos de distinto signo “explotan la angustia de los ciudadanos, pero no representan el remedio de una vida buena” y reclamaron una política que ponga a la economía al servicio de la dignidad humana, promueva la paz y cuide el ambiente, incluyendo el aire y las fuentes de agua potable.

Los obispos también apuntaron contra el deterioro del debate público. “No podemos naturalizar la violencia en las redes sociales, en nuestros barrios, en el Congreso de la Nación”, advirtieron, y sumaron una frase con tono de plegaria que apuntó al intercambio político cotidiano. “¡Del insulto de cada día al que piensa distinto, líbranos, Señor!”.

Sin mencionar nombres propios, el mensaje incluyó cuestionamientos al tono del discurso político reciente, en particular al advertir que “se torna peligroso acentuar la culpa ajena para proclamar la propia inocencia y justificar una agresión indeterminada” y al remarcar que “la espiral de la violencia comienza con el discurso y escala hacia la acción”.

En ese sentido, hicieron un llamado a retomar el diálogo. “Tenemos que volver a elegir el diálogo para abordar los conflictos y los desacuerdos, sin caer en polarizaciones estériles”, afirmaron, y reclamaron que ese intercambio “no excluya a nadie”.

Además, la CEA puso el acento en el rol del Estado como garante del sistema democrático. Sostuvo que debe “velar por la dignidad de las personas y la igualdad de todos los ciudadanos” y prestar especial atención a “los ancianos y los niños”, a quienes definió como las “puntas de la vida”.

En otro tramo, remarcaron que la Constitución Nacional es la base de cualquier proyecto de país y plantearon que, si se garantizaran plenamente los derechos y obligaciones que establece, la población viviría con mayor dignidad. También subrayaron que la democracia no admite la eliminación del adversario y que debe reemplazar la violencia por el debate cívico.

El documento avanzó además sobre el plano social al advertir que el sistema democrático se debilita cuando deja sectores afuera. “Una democracia justa no puede ser indiferente a las necesidades básicas de la canasta familiar y al deterioro creciente del trabajo digno”, señalaron, y agregaron que el empleo es un eje central de la cuestión social.

En ese marco, destacaron que garantizar trabajo para los adultos y educación de calidad para niños y jóvenes constituye “la mejor política de seguridad” y permite construir una sociedad más integrada.

Sobre el cierre, los obispos reforzaron la idea de que la libertad real está ligada a la igualdad y la fraternidad. “Solo cuando eso se vuelve realidad, una nación es verdaderamente libre y auténticamente democrática”, afirmaron, al tiempo que recordaron que el ideal de las “rotas cadenas” del Himno sigue siendo una aspiración en construcción.

El mensaje concluyó con una invocación religiosa. “Pedimos al Señor que bendiga nuestra Patria y a la Virgen de Luján que no nos suelte de la mano en la búsqueda del bien común y la solidaridad con los más débiles”, expresaron.

Fuente: Data Clave

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