El actor y dramaturgo presentó su espectáculo en el Teatro Astengo de Rosario, con entradas agotadas. La obra combina teatro documental y biodrama para abordar la locura, la soledad y la fragilidad humana.
El fin de semana pasado, el Teatro Astengo de Rosario fue escenario de “Alejandra (una perforación a cielo abierto)”, la obra del actor, politólogo y figura del streaming Martín Rechimuzzi. Con todas las entradas vendidas, el espectáculo propone una experiencia escénica que mezcla teatro documental con elementos de biodrama, generando una reflexión sobre la salud mental, la ausencia y el dolor.
La puesta comienza como una conferencia posdramática, con uso de tecnología, y se va transformando en un relato que expone la fragilidad del actor. A través del humor absurdo y el disparate, Rechimuzzi construye un neogrotesco que aborda lo incomprensible de la sociedad contemporánea, combinando risa y emoción.
La historia se sitúa en marzo de 2021, cuando la tía Alejandra huye de su entorno y de la realidad. La obra explora la locura, muchas veces oculta o subestimada, y la representa de manera hiperrealista. La paranoia, la desconexión y las voces múltiples, similares a las de una psicosis, se convierten en el eje de un relato que interpela al público: ¿qué es el infierno de la locura?
Con un tono que evoca a Kafka y Pizarnik, Rechimuzzi lee un texto que va del rigor científico a una percepción más humana de la locura, centrándose en la fragilidad de la vida y en la diferencia entre verdad y suposición. La obra no romantiza la locura, sino que la presenta como resistencia y poesía, en un contexto donde la salud mental se puso en jaque durante la pandemia.
El espectáculo incluye un cumpleaños en el conurbano bonaerense, los 15 de Alejandra, con personajes que ilustran el fascismo social y la necesidad de amor. La música del Dúo Acuarela (Daniel Castronuovo y Rita Rizzo) aporta un toque kitsch a esta comedia poética y bizarra, donde la razón pierde sentido y la locura del presente ocupa el escenario.
“Alejandra” se convierte en un manifiesto sobre la empatía, navegando por lugares oscuros con humor y nostalgia. Los espectadores son invitados a un cumpleaños donde pueden bailar con sus propios muertos, en un tiempo de individualismo y violencia. Una obra que, según el público, es tan atrapante como imprescindible.
