El historiador Antony Beevor analiza en su nuevo libro la figura de Grigory Rasputín y su influencia en la caída del imperio ruso, desmontando mitos sobre su vida y su supuesta inmortalidad.
El historiador Antony Beevor analiza en su nuevo libro la figura de Grigory Rasputín y su influencia en la caída del imperio ruso. Según Beevor, el contexto de crisis política, pobreza y derrotas militares del gobierno de Nicolás II favoreció la aparición de figuras “sobrenaturales” como Rasputín, quien logró ganarse la confianza de la familia imperial gracias a su carisma y supuestas capacidades curativas.
Nacido en Siberia en una familia campesina, Rasputín pasó de ser un peregrino errante a convertirse en consejero cercano de la zarina Alejandra Fiodorovna, especialmente tras la enfermedad hemofílica del heredero Alekséi. Su influencia creció rápidamente en la corte, mientras aumentaban los rumores sobre su comportamiento lascivo, manipulador y violento.
Beevor sostiene que gran parte de la leyenda que rodeó a Rasputín se construyó a través de exageraciones, escándalos y campañas mediáticas, aunque reconoce que su presencia debilitó aún más la credibilidad de los Romanov. La prensa y los sectores políticos utilizaron su figura como símbolo de la decadencia y desconexión del régimen zarista con la realidad del pueblo ruso.
Además de su altura inusual para la época, la mirada, la barba, la voz grave y ese influjo que parecía tener sobre la gente, el mito sobre Rasputín sostiene que poseía un miembro viril de dimensiones desmesuradas. Tanto es así que en el Museo Erótico de San Petersburgo, en un frasco se conserva lo que se dice fue su pene. Lo habrían seccionado en la autopsia y puesto a conservar en un frasco con formol que llegó al museo a mediados de los setenta. Aunque nada prueba que ese miembro de 30 centímetros de largo haya pertenecido a Rasputín, la mayoría de los turistas prefiere creerlo. Los más cautos sostienen que ni siquiera es un pene. Se trataría de una Holothuroidea, el nombre científico de los Pepinos de Mar, animales que viven en el fondo de los mares de todo el mundo.
El libro también desmonta algunos mitos sobre la supuesta “inmortalidad” de Rasputín. Aunque su asesinato estuvo rodeado de relatos exagerados sobre venenos, disparos y golpes, Beevor explica que no hubo nada sobrenatural en su resistencia física y que muchas de esas historias fueron magnificadas con el tiempo.
Finalmente, el historiador plantea que Rasputín representó el poder de la sugestión y la superstición en una monarquía debilitada. Su cercanía con los zares y los rumores que lo vinculaban sentimentalmente con la zarina terminaron acelerando el descrédito del absolutismo ruso y anticiparon el colapso definitivo de la dinastía Romanov.
