Especialistas de la Universidad Nacional del Litoral explican la biología del roedor más grande del mundo y las claves para una coexistencia armónica con el desarrollo urbano en la región.
El 10 de julio se celebra el Día de Apreciación del Capibara, una efeméride popularizada en redes sociales que pone en foco al carpincho (Hydrochoerus hydrochaeris), el roedor más grande del planeta. En Santa Fe, su presencia no es nueva, pero los recientes avistamientos en el Puerto local y en barrios privados han reavivado el debate sobre la tensión entre la expansión urbana y la preservación de la fauna nativa.
Alba Imhof, coordinadora del Programa Ambiente y Sociedad de la Universidad Nacional del Litoral (UNL) y miembro del Comité de Manejo de la Reserva Ecológica de Ciudad Universitaria, aportó una mirada científica sobre la realidad de la especie. «El carpincho es un símbolo cultural, ambiental y social en toda Sudamérica», afirmó.
En la Reserva Ecológica de la UNL, el retorno de estos roedores fue detectado mediante observación biológica. «Por muchos años no tuvimos población de carpinchos y hace un par de años empezamos a ver bosteaderos», relató Imhof. Los excrementos elípticos, de color verde aceituna a marrón claro, permitieron identificar los movimientos de los animales. La estrategia adoptada fue el respeto absoluto del espacio: «Dejamos de transitar por esos lugares para que descansaran. De esa manera, los animales ganaron confianza. Después vimos las cópulas y hoy ya tenemos un grupo establecido de seis o siete ejemplares de distintas generaciones», explicó.
La aparición de carpinchos en el Puerto de Santa Fe o en urbanizaciones cerradas suele interpretarse como una «invasión». Imhof descartó esa idea y señaló el conflicto entre el avance de la urbanización y el desplazamiento de la fauna. «Los carpinchos, al ser roedores, tienen un crecimiento exponencial en determinados momentos, buscan nuevos territorios y buscan humedales. Ellos no deciden si el humedal es natural o construido por el hombre», sostuvo.
La convivencia es posible, según la especialista, y el ejemplo es el turismo respetuoso de Corrientes. El verdadero foco de conflicto en zonas residenciales surge con los animales domésticos. «Si bien son herbívoros, cuidando su terreno, su familia o su grupo pueden tener conductas defensivas e incluso morder. Tienen dos incisivos muy importantes destinados a cortar vegetales que pueden producir un daño severo», advirtió Imhof.
La recomendación ante un avistamiento en áreas como el Puerto es mantener a los perros con correa, no intentar interactuar, no alimentarlos y retirarse a una distancia prudencial. «En el Puerto suelen quedarse poco tiempo porque no hay tanta vegetación permanente para alimentarse; se los ve más cuando se junta camalotes en las bajantes», añadió.
Más allá de las controversias urbanas, la presencia del carpincho es un indicador de salud ambiental. «Su presencia nos indica que seguimos teniendo humedales y que estos están en buenas condiciones», afirmó Imhof, aunque advirtió: «También debe tomarse como un signo de alerta para evaluar si se está produciendo una modificación drástica de su ambiente natural que los obligue a desplazarse hacia los ámbitos urbanos».
El carpincho requiere de tres condiciones básicas: agua para termorregularse y reproducirse; vegetación ribereña para alimentarse; y áreas secas de descanso para criar a sus cachorros. Proteger estos espacios asegura el futuro de una especie que, aunque fuera de peligro de extinción a nivel continental, sufre la presión de la caza ilegal y la fragmentación de su hábitat.
Datos biológicos del carpincho
- Nombre científico: Hydrochoerus hydrochaeris. En Argentina habitan dos subespecies: H. h. dabbenei (en Misiones) y H. h. uruguayensis (distribuida por el Litoral, Chaco, Formosa, Santa Fe y Buenos Aires).
- Peso adulto: entre 45 y 70 kg (con registros máximos de 105 kg). Largo: entre 107 y 134 cm.
- Patas cortas con membranas interdigitales para nadar; pueden bucear hasta 10 minutos.
- Los machos adultos presentan una protuberancia desnuda de unos 2 cm sobre el hocico, que aloja una glándula para el marcado territorial.
- Alimentación: gramíneas y plantas acuáticas. Su dieta se superpone hasta en un 65% con la del ganado doméstico en verano y en un 17% con la de la nutria o coipo.
- Reproducción: ciclo anual ligado al agua. Gestación de 4 a 5 meses; camadas de 2 a 7 crías (4 es lo más frecuente). Las crías pesan 1,5 kg al nacer y pastan a los pocos días; madurez al año.
- Predadores: pumas y yaguaretés (adultos); yacarés, zorros y caranchos (juveniles). Amenazas sanitarias: leptospirosis, mal de Chagas y tripanosomiasis.
Desde el Ente Administrador del Puerto de Santa Fe (EAPSF) se emitió un comunicado: «Hoy estamos ante un hecho fascinante con el grupo de carpinchos que eligió estar cerca de nuestro entorno como muestra de que nuestro compromiso con el ambiente lo estamos haciendo con responsabilidad, y que la verdadera transformación ocurre cuando toda la sociedad se involucra».
Por su parte, el Ministerio de Ambiente y Cambio Climático de la provincia declaró: «Esta interacción, lejos de ser un problema, es una oportunidad única para reflexionar sobre nuestra relación con el entorno y asumir el rol protagónico que nos corresponde en la conservación de la biodiversidad».
