Un informe de la Usina de Datos de la Universidad Nacional de Rosario señala un aumento en la participación laboral de adultos mayores en el Gran Rosario, en un contexto de ingresos previsionales que no cubren el costo de vida.
Alejandra Frassati, cocinera de profesión, trabajó durante gran parte de su vida en restaurantes y hoteles de Rosario. Hace tres años se jubiló, pero los ingresos de su jubilación resultaron insuficientes, por lo que hace un año abrió Alecocina, un emprendimiento de viandas saludables que ofrece por Instagram y recomendaciones personales. «Cobro la mínima y ya no tenía otra opción», declaró Frassati, quien indicó que las viandas son su principal fuente de ingresos.
Según el último informe de la Usina de Datos de la Universidad Nacional de Rosario (UNR) sobre el mercado laboral en el Gran Rosario, «se registra un incremento muy alto en la participación de adultos mayores (+65 años), quienes reingresan al mercado laboral». El estudio analiza la evolución de la situación ocupacional entre 2019 y 2025, a partir de los datos de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH-Indec), desde 2019 hasta el cuarto trimestre de 2025.
En ese rango de edad, la tasa de actividad pasó de 15,4 % en 2023 a 19,1 % en 2025, lo que implica un crecimiento de 3,7 puntos porcentuales en dos años. El informe destaca que «los niveles actuales no sólo se recuperan, sino que se ubican en valores superiores a los previos a dicho período» y que «el incremento reciente refleja una mayor necesidad de generar ingresos, lo que sugiere una postergación de la salida del mercado de trabajo o un regreso entre quienes se retiraron pero sus ingresos previsionales resultan insuficientes para hacer frente al costo de vida».
Un estudio del Observatorio de Políticas Públicas de la Universidad Nacional de Avellaneda indicó que unas 27.000 personas mayores de 65 años se reinsertaron en el mercado laboral argentino entre el final de 2023 y principios de 2026.
Frassati, referente del Frente de Jubilados en Lucha (Frejel), afirmó que «somos muchas las jubiladas que trabajan» y que volver a trabajar no fue una elección. «Soy una mujer, empoderada, crié a mis hijas sola y eso me acostumbró a ser creativa. Pero puedo hacer esto porque tengo estas herramientas, tuve el privilegio de no tener que trabajar desde los 14 años en el campo y todavía me da el cuerpo», declaró. Sobre la situación de otros jubilados, señaló: «La mayoría tuvo que restringir absolutamente todos sus consumos, aún de medicamentos, y muchos están acumulando deudas. Es una situación muy triste».
Según estadísticas municipales, las personas mayores de 60 años representan casi el 21 % de la población de Rosario. El 82 % vive en casa propia, el 31 % vive en pareja sin hijos y el 27 % vive solo. El 23,4 % sigue activo en el mercado laboral. El 90 % tiene cobertura de salud y destina el 10 % de sus gastos a la atención médica.
Jorge Demirdjian, presidente del Nuevo Centro de Jubilados y Pensionados Municipales, señaló que la necesidad de llegar a fin de mes lleva a muchos adultos mayores a buscar trabajo. «Salta a la vista, algunos están en la calle vendiendo cosas, otros en empresas de seguridad, en estacionamientos o trabajando como cadetes», afirmó. El centro reparte 500 bolsones de alimentos por mes entre sus casi 900 socios.
En agosto de 2026, la jubilación mínima pagada por Anses fue de $419.775,93, que asciende a $489.775,93 con el bono extraordinario de $70.000. Aproximadamente el 27 % de los jubilados y pensionados del sistema cobra este haber mínimo o un monto equivalente con refuerzos. Según el Indec, una persona adulta necesitó un ingreso de $495.622 para no caer en la pobreza. El Centro de Estudios Sociales y Acción Comunitaria (Cesyac) calculó que la canasta básica para una pareja de jubilados en Rosario alcanzó casi 750 mil pesos, incluyendo alimentos, medicamentos y servicios básicos.
Luis Mario Fernández Risso, titular de la Defensoría de los Derechos de las Personas Mayores de Rosario, afirmó que «en Rosario viven unos 250 mil jubilados y se estima que el 60 % cobra los haberes mínimos». Señaló que «no hay peor combinación que el envejecimiento asociado a la pobreza» y que «todos los días tenemos algún compañero que nos consulta porque no puede pagar el alquiler o ya no puede pagar la obra social o prepaga, o que no le alcanza para pagar los medicamentos».
