Daniel Cerezo, creador de la organización CreerHacer, ofrece talleres de inteligencia emocional, liderazgo y resiliencia en asentamientos y contextos críticos, y trabaja en empresas como gerente de felicidad.
Daniel Cerezo, originario del Bajo Boulogne, perdió a su padre en la infancia y creció en un entorno de carencias materiales. A los 9 años, ingresó a un centro cultural comunitario donde aprendió música con la profesora Lili, quien adaptó el repertorio para incluir canciones que Cerezo escuchaba en su barrio.
En declaraciones a este medio, Cerezo afirmó: “La caridad parte de mirar al otro desde lo que le falta, de la superioridad de ‘pobre, no tiene, hay que darle’ y esto genera una brecha enorme que rompe la confianza. Por eso hay que cambiar dar por compartir. Dar es de arriba hacia abajo. Compartir es entre iguales, como Lili hizo conmigo”.
Cerezo se desempeñó como gerente de felicidad y cultura en la empresa de alpargatas Páez entre 2010 y 2015. Según relató, propuso unificar los comedores, conocer a los colaboradores por su nombre y trabajar la cultura organizacional.
Posteriormente fundó CreerHacer, una empresa social que brinda servicios a empresas, gobiernos y organizaciones civiles. Los ingresos obtenidos financian programas en barrios vulnerables. La organización dicta talleres de inteligencia emocional, liderazgo, comunicación asertiva y resiliencia.
Cerezo sostuvo: “La primera barrera es la desconfianza. Vos llegás hablando de inteligencia emocional o de liderazgo y la gente te mira como diciendo ‘¿de qué me estás hablando si no tengo para comer, no tengo trabajo?’. Ahí lo que funciona es contar tu propia historia”.
El trabajo territorial es supervisado por gestoras formadas en CreerHacer, muchas de ellas residentes de los mismos barrios. Cerezo agregó: “Hace 15 años que trabajamos con las comunidades y vemos cómo hacen cosas increíbles”.
Acerca de la relación entre empresas y barrios, Cerezo declaró: “No es solo el barrio el que tiene que aprender de la empresa. Al revés también. En el barrio yo vi una solidaridad, un ‘te presto lo que tengo aunque sea poco’, que en muchas empresas no existe. Un equipo que aprende a ser solidario es altamente productivo”.
