martes, 5 mayo, 2026
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Mensajería privada: entre el bien y el mal

Las aplicaciones que priorizan la privacidad del usuario se consolidaron como una alternativa atractiva para quienes buscan comunicarse sin intermediarios ni exposición constante. Aún así, ese anonimato que promete libertad también puede esconder riesgos importantes y habilitar usos difíciles de controlar, tanto dentro como fuera del entorno digital.

Ambas aplicaciones, Telegram y Discord, funcionan como chats similares a WhatsApp, aunque con enfoques, características y públicos muy distintos entre sí. Comparten un mismo propósito esencial: crear espacios digitales donde la privacidad, la seguridad y el control de los datos permanezcan bajo decisión directa del usuario.

Desde su creación, la aplicación del avión blanco utiliza un sistema de cifrado propio llamado MTProto, diseñado para proteger la privacidad de las conversaciones. Aquel protocolo combina métodos de seguridad y permite que los chats secretos cuenten con protección, mientras que los mensajes comunes se almacenan en la nube. Si bien ofrece un alto nivel de resguardo, los expertos advierten que la privacidad solo está garantizada en los chats secretos.

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La plataforma también se transformó en un terreno fértil para la desinformación. A lo largo del conflicto entre Rusia y Ucrania, la organización Graphika detectó campañas de fake news tanto pro ucranianas como pro rusas que circularon masivamente en Telegram, difundiendo teorías conspirativas, videos manipulados y acusaciones falsas.

Además, fue utilizada para coordinar el asalto al Capitolio de Estados Unidos en 2021 y la toma de la Plaza de los Tres Poderes en Brasil, en 2023, exponiendo cómo el anonimato puede ser usado con fines políticos o delictivos.

De manera paralela, Discord, creada originalmente para gamers, se convirtió en una herramienta clave para organizar comunidades en línea. A partir de 2025 fue fundamental en las protestas juveniles de Marruecos, especialmente a través del servidor GenZ 212, que reunió a jóvenes para coordinar movilizaciones pacíficas y expresar reclamos.Sin embargo, la misma estructura que permite organizar manifestaciones también puede ser utilizada para planear delitos.

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Así, plataformas como Telegram y Discord muestran su doble cara: pueden ser poderosas aliadas de la libertad de expresión y la organización social, pero también escenarios donde la privacidad se convierte en un escudo para el delito. En definitiva, el límite no lo marcan las aplicaciones, sino el uso que cada persona haga de ellas.

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