El trasplante de hígado es una intervención quirúrgica de alta complejidad indicada cuando el daño hepático es irreversible. En Argentina, las causas incluyen desde hepatotoxicidad por fármacos hasta enfermedades metabólicas, y la asignación de órganos se rige por el sistema MELD, que prioriza a los pacientes más graves.
El hígado es el motor metabólico del organismo: procesa nutrientes, sintetiza proteínas y depura toxinas. Cuando pierde estas funciones vitales de forma irreversible, la medicina recurre al trasplante hepático, una intervención que representa la última frontera terapéutica para pacientes cuya vida depende de un reemplazo funcional.
El trasplante se indica ante dos escenarios clínicos: la falla hepática aguda, que aparece de forma súbita y pone en riesgo la vida en horas o días; y la enfermedad crónica, donde el deterioro progresivo lleva a complicaciones graves que, sin el trasplante, resultan fatales.
Causas y factores de riesgo en el escenario local
En Argentina, la falla hepática aguda tiene disparadores específicos. “La hepatotoxicidad es una de las causas más frecuentes”, señala la médica hepatóloga Julieta Pecoraro, de la Unidad de Trasplante Hepático de Grupo Oroño. Detalla que el uso de antiinflamatorios no esteroides (AINES), paracetamol en dosis inadecuadas, fármacos tuberculostáticos, hierbas medicinales o drogas ilícitas puede desencadenar un fallo hepático fulminante. También influyen las hepatitis virales –con menor incidencia gracias a la vacunación– y la hepatopatía autoinmune, frecuente en mujeres.
En las patologías crónicas, la hepatopatía crónica metabólica es hoy la principal causa de trasplante en el mundo, junto a la hepatopatía alcohólica y las virales crónicas. Los trasplantes por virus C han disminuido por la efectividad de los tratamientos antivirales modernos.
Evaluación y criterios quirúrgicos
Una vez confirmada la necesidad del trasplante, el paciente pasa por una evaluación exhaustiva. “El paciente tiene que estar lo suficientemente enfermo para requerir un trasplante, pero lo suficientemente sano para tolerar la cirugía”, explica el Dr. Lisandro Bitetti, jefe de la Unidad de Trasplante Hepático de Grupo Oroño. Interviene un equipo multidisciplinario con nefrólogos, hematólogos, cardiólogos e intensivistas.
Sistema MELD y lista de espera
Cuando el paciente ingresa a la lista nacional del INCUCAI, la asignación de órganos se rige por el sistema MELD (Model for End-Stage Liver Disease), una escala numérica que prioriza a los más graves. “El puntaje MELD es dinámico y se renueva según la evolución del paciente”, aclara Bitetti.
El trasplante puede realizarse con donante cadavérico o donante vivo relacionado, más habitual en pediatría. “La donación es el hito fundamental; sin ese acto solidario sería imposible realizar cualquier trasplante”, destaca el cirujano.
Recuperación y reinserción
El éxito del trasplante no termina en el quirófano: comienza una etapa de seguimiento intensivo y un cambio de vida radical. El objetivo es la reinserción plena del paciente en su entorno social y familiar. Grupo Oroño cuenta con infraestructura moderna y profesionales capacitados para trasplantes hepáticos pediátricos y de adultos, tanto con donante vivo como cadavérico.
