martes, 4 agosto, 2026
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El conflicto Milei-Villarruel se suma a una larga secuencia institucional

El presidente Javier Milei anticipó que ya eligió a su acompañante en la fórmula para la reelección, mientras que Miguel Pichetto aseguró que la vicepresidenta Victoria Villarruel se postulará para la primera magistratura. El cruce entre ambos dirigentes escaló a niveles inéditos.

El presidente Javier Milei anticipó que ya eligió a su acompañante en la fórmula con la que aspira acceder el año que viene a la reelección. Mientras tanto, Miguel Pichetto aseguró que la actual vicepresidenta, Victoria Villarruel, se postulará para la primera magistratura.

Ambas noticias se conocieron con pocas horas de diferencia, y al cabo de un cruce de publicaciones en redes sociales que llevó a niveles hasta ahora inéditos el conflicto que encabezan ambos dirigentes desde el mismo momento de la asunción al poder.

Luego de que el presidente retuiteara un posteo en el que se atribuía a la vice participación activa en maniobras desestabilizadoras e incluso golpistas, ella respondió poniendo en tela de juicio el estado del primer mandatario, y provocó que el jefe de Gabinete le pidiese la renuncia. Cosa que ya habían hecho legisladores y dirigentes de espacio, pero hasta ahora nunca un ministro.

A la vez, el episodio marca un crescendo que llevó las tensiones y rispideces iniciales primero a un quiebre político, y luego a una completa interrupción del diálogo y a una ruptura de la dinámica institucional.

El último round

Esta última secuencia dio inicio cuando Milei publicó en su cuenta oficial un mensaje de la diputada Lilia Lemoine, quien acusó a Villarruel de coordinar acciones contra el gobierno junto a la ex integrante del bloque oficialista Marcela Pagano.

Lemoine sostuvo que ambas legisladoras habrían intentado impulsar un juicio político contra el mandatario, que compartirían asesores y que se habrían acercado al peronismo.

Villarruel primero calificó el posteo de “locura galopante” y agregó que “parece contagioso el delirio”. Tras reclamar pruebas de las acusaciones, llegó a plantear: “Me preocupa profundamente que el presidente de la Nación replique insensateces e inventos. Tengo genuina preocupación por su estado y por las persecuciones imaginarias que replica en Argentina y el exterior”.

Santilli interpretó esas palabras como una falta de lealtad institucional y, esta vez en declaraciones periodísticas, la acusó de “poner siempre palos en la rueda” y la desafió a “que dé un paso al costado, que arme su proceso y que compita”.

Sin mencionarlo, Villarruel cerró (por ahora) la secuencia: “Uno de los exponentes de la casta política a la que nos enfrentamos en el 2023 y le ganamos pretende causar daño a la institucionalidad y conspirar contra el orden republicano de nuestra Patria”. Definió a quienes se manifiestan de ese modo como “parásitos” y cerró con una intimación: “Sea democrático y respete el voto popular”.

Cruces crecientes

El episodio tiene como antecedentes una serie de cruces en los que, desde el oficialismo, se cuestionó en duros términos a la vicepresidenta:

«Trabajó para intentar voltearnos», llegó a acusarla el propio Milei en 2025 en una entrevista con El País. Como su vocero, el malogrado Manuel Adorni estableció que «no comparte los objetivos del Gobierno» y «no es parte del proyecto».

«Tiene que decidir de qué lado está», sugiririó la senadora Patricia Bullrich, que además le atribuyó participar de “un golpe institucional» al habilitar la sesión en la que se trataron los proyectos de la oposición sobre jubilaciones y discapacidad.

«La democracia fue denigrada cuando personas que integraron organizaciones terroristas como en su caso manejaron durante décadas el destino del país», fue la más dura de las varias réplicas que Villarruel le dirigió. Y también “todos los argentinos saben de qué lado estoy en lo que a kirchnerismo se refiere, porque los combatí siempre, mientras usted pululaba de partido en partido».

Divorcios por conveniencia

Por lo demás, con sus propias características y nivel de intensidad, la situación se inscribe en una larga secuencia establecida de complejas relaciones entre los integrantes de las fórmulas presidenciales, que atravesó todo el actual período democrático (aunque reconoce resonantes antecedentes históricos).

Si bien la Constitución asigna al vicepresidente funciones sumamente acotadas -presidir el Senado y reemplazar al Presidente en caso de ausencia, enfermedad o vacancia-, la práctica política suele convertirlo en un actor con expectativas propias de poder.

Cuando esas expectativas chocan con la conducción presidencial, las diferencias suelen trasladarse rápidamente al escenario público, y así ha ocurrido de manera sistemática en casi todos los mandatos presidenciales.

Alfonsín-Martínez

La excepción suele ubicarse en el gobierno de Raúl Alfonsín. Su vicepresidente, Víctor Martínez, mantuvo un perfil institucional y nunca protagonizó disputas públicas con el jefe de Estado.

Esto no es porque no tuvieran diferencias, que estaban dadas sobre todo por el hecho de que Alfonsín encarnaba la “renovación y cambio” del radicalismo, mientras que Martínez era el representante de la vertiente más tradicional.

Sin embargo, se logró una convivencia institucional marcada por la lealtad y el bajo perfil del vicepresidente.

Martínez nunca intentó construir un liderazgo alternativo dentro del radicalismo ni disputar espacios de poder en el Poder Ejecutivo. A diferencia de otros vicepresidentes, evitó opinar sobre decisiones de gobierno cuando existían diferencias y concentró su actividad en la presidencia del Senado y en funciones protocolares.

Menem-Duhalde

El primer gran conflicto de la etapa democrática se produjo durante la presidencia de Carlos Menem.

Eduardo Duhalde, elegido vicepresidente en 1989, rápidamente comenzó a construir un liderazgo propio dentro del peronismo bonaerense.

La tensión derivó en su salida anticipada de la vicepresidencia para competir por la gobernación de Buenos Aires, pero el enfrentamiento político continuó durante años y alcanzó su punto máximo cuando ambos disputaron la conducción del PJ hacia el final del menemismo.

De la Rúa-Álvarez

Pero uno de los quiebres más resonantes y trascendentes ocurrió durante la gestión de Fernando de la Rúa. En octubre de 2000, Carlos «Chacho» Álvarez renunció a la Vicepresidencia tras denunciar irregularidades en la aprobación de la reforma laboral y cuestionar la falta de respuesta del Presidente frente al escándalo por las presuntas coimas en el Senado.

Su dimisión significó la ruptura definitiva de la Alianza y dejó al Gobierno sin uno de sus principales sostenes políticos apenas un año después de asumir. A la postre, se interpretó que aquella decisión aceleró el deterioro institucional que desembocaría en la crisis de diciembre de 2001.

Kirchner-Scioli

Por su parte, cuando Néstor Kirchner eligió como compañero de fórmula a Daniel Scioli en 2003 buscó ampliar la base electoral del peronismo. Sin embargo, las diferencias aparecieron desde los primeros meses de gestión. Kirchner desplazó funcionarios cercanos al entonces vicepresidente y Scioli fue perdiendo influencia dentro del Gobierno.

Aun así, el conflicto nunca derivó en una ruptura abierta y ambos completaron el mandato, aunque con una convivencia política distante.

Cristina-Cobos

Mucho más estrepitoso fue el final del vínculo entre Cristina Fernández de Kirchner y Julio Cobos.

La alianza entre el kirchnerismo y un sector del radicalismo se quebró definitivamente el 17 de julio de 2008, cuando Cobos desempató en contra del gobierno la votación sobre la Resolución 125, acerca de las retenciones agropecuarias.

Desde entonces, en un paralelo con la situación de Villarruel (aunque sin la exasperación que subraya este último caso), quedó políticamente aislado del Gobierno, pero permaneció en el cargo hasta finalizar el mandato constitucional.

Si bien la memoria histórica acuñó el término “voto no positivo”, la frase textual de Cobos fue la siguiente: “Que la historia me juzgue. Pido perdón si me equivoco. Mi voto no es positivo. Mi voto es en contra”.

Quince años después la analizó en retrospectiva, y también en sus efectos.

“Fue un conflicto largo e innecesario. Toda la dirigencia política de entonces, incluso la propia presidenta Cristina Kirchner, sabía que era una medida incorrecta (…). Hemos aprendido poco y nada. Porque con mi votación sí terminamos con un conflicto, pero comenzó una grieta que se irradió en la sociedad y que no hemos podido superar en este tiempo”, evaluó.

Fernández vs. Fernández

Tras un interín pacífico a cargo de Mauricio Macri y Gabriela Michetti, el conflicto más profundo antes del actual fue el protagonizado por Alberto Fernández y Cristina Fernández de Kirchner.

Las diferencias comenzaron durante la pandemia, se profundizaron tras la derrota electoral de 2021 y alcanzaron su máxima expresión con la carta pública de la vicepresidenta, la renuncia masiva de ministros identificados con el kirchnerismo y las reiteradas críticas a la política económica del Gobierno.

Durante buena parte del mandato convivieron dos centros de poder dentro del mismo Poder Ejecutivo, una situación inédita desde el retorno democrático.

Sin retenes

El enfrentamiento entre Javier Milei y Victoria Villarruel se desarrolló con una velocidad poco habitual. Aunque ambos compartieron la campaña presidencial de 2023, las diferencias comenzaron a hacerse visibles durante el primer año de gestión y terminaron de explotar tras las sesiones del Senado de 2025 y 2026.

El interrogante es si las tensiones fueron disparadas por las características personales de cada uno de los participantes, o si son propias del diseño político constitucional y, en el mejor de los casos, es la voluntad de los dirigentes lo que las suaviza.

«La propia figura de la vicepresidencia genera un malestar intrínseco en la dupla gubernamental porque es la primera persona en la línea de sucesión y lleva a que el presidente siempre esté mirando por el retrovisor», sostiene el politólogo Patricio Adorno.

En la misma línea, diversos investigadores remarcan que el vicepresidente suele ser elegido para compensar debilidades del candidato presidencial -territoriales, partidarias o ideológicas- más que por una verdadera afinidad política. Cuando desaparece la necesidad electoral que dio origen a la fórmula, afloran las diferencias internas.

El enfrentamiento entre Milei y Villarruel vuelve a poner en escena ese interrogante recurrente de la política nacional: si el vicepresidente debe ser un colaborador incondicional del Presidente o un dirigente con autonomía política propia. La historia institucional reciente del país se ha visto determinada, con distintos formatos y consecuencias, por esta última opción.

Del “jamoncito” a Narnia, textuales de Villarruel

«Karina Milei es brava y yo también. Las dos queremos a Javier, pobre jamoncito». 21/3/24. En una entrevista buscó desmentir las versiones de enfrentamiento con Karina Milei, aunque reconoció el fuerte carácter de ambas. Poco después la relación comenzaría a deteriorarse.

«Hay que poner la cara en el Senado aunque seamos minoría. Nos votaron para eso, no para que nos escapemos» (21/3/24).

«Si hay equilibrio fiscal, entonces asistir a los argentinos más desprotegidos no debiera ser tan terrible» (julio de 2025, al defender el tratamiento en el Senado de proyectos sobre jubilaciones y discapacidad frente a las críticas del Presidente).

«Que ahorre en viajes y en la SIDE y listo. Que se comporte como un adulto» (julio de 2025, como parte de la misma secuencia).

“Que tengas una cascada de éxitos”. Mayo de 2026, en un primer comentario irónico publicado en redes contra Manuel Adorni y en alusión a las acusaciones en contra del entonces jefe de Gabinete. Tras dejar explícito que no creía en sus explicaciones, más adelante le deseó a un seguidor “que encuentres un pendrive mágico”.

«No hay nadie más peleado con los valores de Belgrano que Adorni», el 20 de junio pasado, durante el acto por el Día de la Bandera en Rosario, al que asistió pese a no haber sido invitada por la Casa Rosada. «Hay que preguntarles por qué son maleducados», añadió luego, ante el hecho de que nadie del gabinete la saludó.

“Quieren vender el país. La integridad territorial no les importa”, en julio pasado, en un intercambio de mensajes de whatsapp con Patricia Bullrich vinculados a la ley de Tierras. En ese marco también dejó en claro que “si pudiera votar, votaría en contra”, y espetó: «No se desarrolla nada, están cerrando pymes todos los días y ustedes están en Narnia».

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