La escritora británica Virginia Woolf publicó en 1929 el ensayo ‘Una habitación propia’, donde vinculó la alimentación con la capacidad de pensamiento y creatividad. La frase, que continúa vigente, es citada por la Organización Mundial de la Salud en el marco de la lucha contra la malnutrición.
La escritora británica Virginia Woolf dejó una reflexión sobre la alimentación que continúa vigente casi un siglo después: “No se puede pensar bien, amar bien, dormir bien, si no se ha comido bien”. La frase aparece en Una habitación propia, un ensayo publicado en 1929 que se convirtió en una de las obras más reconocidas de la literatura feminista.
En el texto, Woolf reflexiona sobre las condiciones materiales que necesitan las mujeres para desarrollar su creatividad y acceder a las mismas oportunidades intelectuales que los hombres. Para explicar su postura, la autora recurrió a un ejemplo sencillo: dos comidas servidas en instituciones educativas con recursos económicos muy diferentes. A través de esta comparación, sostuvo que algo tan sencillo como sentarse a la mesa podía reflejar desigualdades sociales.
Primero describe un almuerzo abundante en una universidad masculina. La comida incluye distintos platos, vino y un ambiente que favorece las conversaciones animadas y el intercambio de ideas. La escritora presenta esa experiencia como un momento de bienestar en el que los pensamientos fluyen con facilidad y la creatividad encuentra un entorno favorable.
Sin embargo, el escenario cambia cuando relata una cena en una institución educativa femenina. En esta ocasión, los alimentos son más sencillos y las porciones más pequeñas. La conversación pierde entusiasmo y el ambiente resulta menos estimulante. A partir de ese contraste, Woolf reflexiona con ironía sobre cómo la mala alimentación afecta la creación de grandes ideas.
Aunque Virginia Woolf escribió este ensayo hace 97 años, la importancia de una nutrición adecuada continúa siendo uno de los principales temas de la salud pública mundial. La Organización Mundial de la Salud (OMS) advierte que la malnutrición afecta a todos los países y constituye un desafío que abarca tanto la falta de nutrientes como otras formas de alimentación inadecuada. “Todos los países están afectados por una o más formas de malnutrición. Uno de los principales retos en todo el mundo es combatir todas las formas de malnutrición”, señala el organismo.
La organización también señala que las mujeres, los lactantes, los niños y los adolescentes se encuentran entre los grupos más expuestos a sus consecuencias. En particular, subraya la importancia de garantizar una nutrición adecuada durante los primeros 1000 días de vida, desde la concepción hasta los dos años, debido a su influencia en el crecimiento, el desarrollo y la salud a largo plazo.
“Las personas en situación de pobreza tienen más probabilidad de sufrir alguna de las formas de la malnutrición. Además, la malnutrición aumenta los costos de la atención de salud, reduce la productividad y frena el crecimiento económico, lo que puede perpetuar el ciclo de pobreza y mala salud”, argumentó, instando a más países a tomar medidas para frenar el avance de este mal.
