domingo, 18 enero, 2026
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El zorro gris, un inofensivo habitante más en los barrios cerrados de Funes

La aparición de zorros grises en mal estado de salud en los alrededores de los barrios cerrados de la localidad de Funes volvió a generar un fuerte debate ambiental sobre la convivencia de urbanizaciones privadas y animales silvestres. Este lunes, la brigada ecológica de la policía provincial intervino frente a la denuncia de la aparición de un zorro en mal estado de salud en inmediaciones del club de campo Kentucky. A fines de agosto del año pasado, se inició una causa judicial por la aparición de estos animales muertos.

De acuerdo al parte de la unidad especializada en el cuidado del ambiente y la fauna, los agentes de la brigada de Rescate Animal llegaron el lunes pasado al barrio cerrado Kentucky alertados por un llamado al 911 que relataba la presencia de un zorro en mal estado de salud.

Cuando encontraron al animal, una hembra adulta, y lograron rescatarlo, lo trasladaron al área de Salud Animal del municipio de Funes, donde le diagnosticaron lesiones en la piel, la vulva, el ano y conjuntivitis. De acuerdo al documento, «se trata del cuarto animal rescatado que presentaba síntomas compatibles a moquillo».

A fines de agosto del año pasado, vecinos de Haras de Funes (otro country ubicado en el extremo sur de la localidad, sobre la autopista Rosario Córdoba) habían advertido sobre la presencia de tres zorros muertos y denunciaron el posible envenenamiento de estos animales silvestres.

>> Leer más: Preocupación en Funes por la aparición de zorros muertos en la zona del Kentucky

Según señalaron los vecinos, en los últimos dos años se nota una disminución en el avistaje de estos animales autóctonos del lugar, por lo que pidieron la intervención de las autoridades del municipio. Por este caso, se tramita una causa en la Justicia de la que son querellantes dos organizaciones ambientalistas.

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Nuevos y viejos vecinos

A principios del 2000, la localidad Funes era el espacio verde donde los rosarinos tenían sus casas de fin de semana. El municipio no llegaba a los 20 mil habitantes, una población que se duplicó en las últimas dos décadas. El club de campo Kentucky fue la punta de lanza de esa transformación. El primero de las cerca de 20 urbanizaciones cerradas que existen en la ciudad.

>> Leer más: Apareció una familia de carpinchos en un club rosarino por la crecida del río Paraná

El exclusivo barrio privado de unas 300 hectáreas, con calles sombreadas por frondosos eucaliptos y mansiones, creció sobre lo que eran campos destinados a la agricultura y la ganadería, atrayendo con su promesa de vivir en el campo, pero a poco tiempo de la ciudad. El club de campo aloja vecinos ilustres, entre ellos la familia Messi. También iniciativas públicas grandilocuentes, como la intención de independizarse de Funes creando una comuna propia.

>> Leer más: El barrio privado donde tiene la casa Messi quiere independizarse de Funes

Los zorros grises o zorros pampeanos (entre otras especies silvestres) habitan los campos de Funes desde mucho antes de que empezaran a urbanizarse y llenarse de cercos, clubhouses y canchas de golf o de tenis. De acuerdo a la ficha elaborada por el ex-Ministerio de Ambiente de la Nación, son animales que se encuentran presente en todo el territorio argentino, adaptándose a la presencia humana y a las modificaciones que se producen en el ambiente.

Su aspecto no difiere mucho de los demás zorros, a excepción de su cola color grisáceo, larga y con abundante pelo. La Convención Internacional sobre el Tráfico de Especies Silvestres incluye a los zorros en el apéndice II, donde se listan animales que no están en peligro inminente, pero cuyo comercio debe controlarse para evitar una utilización incompatible con su supervivencia.

Sin embargo, en los últimos años la convivencia entre zorros y vecinos de los countries entró en tensión. «Desde el municipio estamos haciendo un seguimiento de estas situaciones«, señala Ignacio Leishner, secretario de Relaciones Humanas del municipio, área que tiene a su cargo Salud Animal.

«Todos los barrios privados del país se han construido sobre sistemas que habitan otros animales y han crecido y se han desarrollado en lugares donde ya estaban estas especies», asegura y destaca que «no hay una evidencia técnica ni científica que pueda afirmar que exista una sobrepoblación de zorros en la ciudad«.

Los zorros, explica, no atacan a la población ni a los animales domésticos, tampoco propagan ningún tipo de enfermedad y, de hecho, destaca que los vecinos de otros barrios cerrados de la zona aseguran que «cada vez se ven menos zorros».

Desde el municipio, continúa, se promueve la convivencia entre humanos y especies silvestres, se realizan campañas ambientales y charlas en colegios para que «los vecinos sean receptores de estas poblaciones» y marca que «ninguna entidad del Estado va a trasladar a estas especies, sino a favorecer su coexistencia con las urbanizaciones» ya que «el progreso no es expulsar la vida, sino integrarla«.

Para Leishner, es «cuanto menos absurdo y de una ignorancia total trasladar a una especie porque existan vecinos a quienes le molesta su presencia y sin que exista ninguna evidencia científica».

De zorros y carpinchos

Aranza Puig es vecina de Funes, ambientalista, exfuncionaria de la comuna y denunciante en la causa judicial que investiga si existió un envenenamiento de zorros. Para explicar las tensiones que genera esta especie en los barrios privados de Funes se remite al conflicto desatado en el country de Nordelta con los carpinchos.

«Los conflictos aparecen porque existe un mal manejo de la fauna silvestre en los barrios. Estos desarrollos urbanos se hicieron sobre el hábitat de animales silvestres y no hubo políticas de biodiversidad adecuadas», destaca.

Puig señala que «el zorro suele huir al humano, pero hay personas que tienen acciones que no son favorables, como por ejemplo darles de comer, lo que hace que los animales empiecen a acercarse. Y en los reglamentos de estas urbanizaciones no se contemplan consideraciones sobre el trato con estas especies». Por ejemplo, estableciendo sanciones a quienes los dañen o los alimenten.

«En el caso de Kentucky, nunca se tomó ninguna medida, más que pedir al Estado que saquen a los zorros. Cuando el problema no son los zorros, sino la conducta humana y la falta de políticas de convivencia firmes», apunta y recuerda que desde hace dos años se mantienen reuniones con los administradores de estos barrios cuando, inclusive, se consultó al Ministerio de Ambiente de la provincia.

Puig remarca que «el problema no es de los animales o de las personas, sino de la organización de los barrios que no tienen en cuenta una normativa interna respecto a las especies, porque el tema podría solucionarse prohibiendo que se los alimente o adaptando la disposición o recolección de residuos», y destaca que en todos los barrios de Funes hay zorros y nunca se generaron conflictos.

Manual de buena convivencia

«La presencia de fauna en zonas urbanizadas no es casual. La expansión de barrios, countries y emprendimientos humanos sobre ambientes naturales reduce el hábitat de estos animales y los obliga a adaptarse, muchas veces en condiciones desfavorables», advierte un documento que esta semana puso en circulación el Ministerio de Ambiente y Cambio Climático de la provincia, que ofrece también una serie de medidas de prevención y convivencia responsable con la fauna, protegiendo tanto a mascotas como al ambiente.

El primero de los puntos es la vacunación y cuidado de las mascotas, manteniendo al día el carné sanitario de perros y gatos, al tiempo que evitar que las mascotas deambulen libremente, sobre todo de noche, cuando los animales silvestres están más activos.

Bajo ningún concepto hay que alimentar a los animales silvestres, de forma directa ni indirecta. Esto favorece el acercamiento a viviendas, el contacto con mascotas y la eventual transmisión de enfermedades.

Además, se debe hacer un manejo responsable de los residuos, sacando la basura en recipientes cerrados y seguros y evitar dejar restos de comida accesibles en patios, galerías o espacios comunes. Esto reduce la presencia de animales silvestres en áreas habitadas.

Si se encuentran animales enfermos no hay que tocarlos ni intentar asistirlos, sino avisar a las autoridades locales para que actúen de forma adecuada.

El documento además advierte que la presencia de animales enfermos puede ser una señal de desequilibrio ambiental, donde el contacto estrecho entre animales silvestres y domésticos aumenta los riesgos para todos, y concluye que «convivir con la naturaleza implica responsabilidad, respeto y prevención, entendiendo que nuestras acciones cotidianas impactan directamente en la salud del ecosistema».

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