La jornada se desarrolló este viernes de 8 a 18 en Santa Fe, bajo el lema «La salud mental se construye en comunidad», con la participación de funcionarios municipales, académicos y especialistas. El encuentro abordó cuatro ejes: situación de calle y consumos problemáticos; infancias, adolescencias y juventudes; marco normativo; y género y disidencias.
Santa Fe fue sede este viernes del primer Congreso Municipal de Salud Mental y Consumos Problemáticos, una jornada que comenzó a las 8 y se extendió hasta las 18 bajo el lema «La salud mental se construye en comunidad». Participaron referentes de la Municipalidad, la academia y distintos sectores vinculados con el abordaje de los consumos problemáticos.
El encuentro abordó cuatro ejes definidos a partir de información estadística y de las situaciones identificadas desde la Dirección de Consumos Problemáticos de la Municipalidad de Santa Fe: situación de calle y consumos problemáticos; infancias, adolescencias y juventudes; marco normativo; y género y disidencias. Todos los ejes fueron tratados en relación con la salud mental y los consumos problemáticos, explicó Juliana Czernick, directora ejecutiva de Consumos Problemáticos de la Municipalidad de Santa Fe.
La funcionaria señaló que la cantidad de personas inscriptas superó las expectativas de la organización. Consideró que la convocatoria también refleja la cantidad de personas que trabajan cotidianamente en estas problemáticas, muchas veces sin una exposición pública de esa tarea.
La mirada académica e interdisciplinaria
Para Ana Luisa Natta, decana de la Facultad de Psicología de la Universidad Católica de Santa Fe, uno de los puntos centrales del Congreso es ampliar la conversación sobre salud mental e incorporar de manera específica la problemática de los consumos.
«Se comenzó a hablar» de salud mental, explicó Natta, al recordar que desde distintos espacios ya se vienen impulsando iniciativas para instalar el tema en la agenda. Sostuvo que muchas veces cuando se habla de salud mental se deja en segundo plano la cuestión de los consumos problemáticos.
En ese sentido, destacó el carácter interdisciplinario del encuentro y la participación conjunta del gobierno, la academia y la comunidad. Para la decana, el Congreso permite reunir miradas diferentes sobre una problemática que atraviesa a la salud mental y que requiere de herramientas específicas para su abordaje.
Natta también vinculó este tipo de encuentros con la construcción de políticas públicas. Según explicó, cuando existe una convocatoria amplia y participan actores provenientes de distintos ámbitos, además de un componente académico, los intercambios pueden tener impacto en las políticas públicas.
La mirada comunitaria atravesó también la exposición de Jorgelina Di Iorio, investigadora del CONICET, quien planteó que el abordaje de la salud mental no debería concentrarse únicamente en intervenir cuando aparece un problema grave.
«Producir salud mental» implica, según la especialista, trabajar también sobre los vínculos y las condiciones que permiten fortalecer la vida de las personas y sus relaciones con otros. En ese marco, señaló que los problemas de consumo pueden ser una parte de una situación más amplia que atraviesa a una persona.
Di Iorio planteó además la importancia de evitar que la sustancia ocupe todo el centro de la mirada. Según explicó, poner «las drogas entre paréntesis» no significa desconocer el consumo, sino comprender que una situación problemática de este tipo forma parte de un conjunto de circunstancias que afectan a la persona.
Abordaje en situación de calle
Uno de los cuatro ejes del Congreso estuvo dedicado a la situación de calle y los consumos problemáticos. En este punto, Di Iorio remarcó la necesidad de modificar la mirada sobre quienes atraviesan estas situaciones y reducir el estigma y la discriminación.
La investigadora sostuvo que estar en situación de calle puede convertirse en un atributo que genera rechazo social y dificulta el acceso a acompañamientos adecuados. Frente a esto, propuso pensar intervenciones que permitan acercarse a las personas desde otro lugar, incluso a partir de acciones básicas como conocer su nombre, mirarlas a los ojos y establecer un vínculo.
También cuestionó los abordajes centrados exclusivamente en la idea de responsabilidad individual. Para la especialista, en las situaciones de calle atravesadas por consumos problemáticos es necesario considerar que se trata de procesos relacionados con la salud y que muchas personas necesitan redes fortalecidas, presencia estatal y estrategias articuladas entre diferentes sectores.
Desde la Municipalidad, Czernick explicó que actualmente se trabaja con personas que concurren al refugio municipal y que existe una respuesta positiva frente a las propuestas de acompañamiento.
Según indicó, durante el año alrededor de 50 personas fueron atendidas en la Dirección de Consumos Problemáticos, además de los abordajes que se realizan en Beata Clara, donde funciona el refugio municipal.
La funcionaria destacó que algunas de las personas que atraviesan situaciones de calle sostienen sus tratamientos y concurren regularmente a los turnos asignados. Para Czernick, esa continuidad muestra la necesidad de contar con más espacios de cuidado y acompañamiento.
Otro de los puntos abordados durante las entrevistas fue la situación de los jóvenes. Los registros de la Dirección de Consumos Problemáticos, según explicó Czernick, muestran que la mayor población que recurre al área tiene entre 20 y 35 años. A continuación aparece la población adolescente.
Para Di Iorio, la mayor visibilidad de las problemáticas vinculadas con las adolescencias no necesariamente significa que los problemas sean nuevos. Consideró que actualmente existe una mayor atención sobre esta etapa de la vida por parte del Estado, la academia, las organizaciones, las familias y los propios adolescentes.
En el caso de niños y adolescentes que atraviesan situaciones de calle y consumos problemáticos, la especialista planteó que el desafío está también en pensar qué se puede hacer antes de que esas situaciones se profundicen.
En ese sentido, señaló la importancia de contar con datos y evidencia que permitan comprender qué ocurre con las infancias y adolescencias y diseñar estrategias preventivas. También mencionó la necesidad de fortalecer los sistemas de protección frente a situaciones de violencia familiar, así como las políticas relacionadas con el acceso al trabajo y a la vivienda.
El Congreso Municipal de Salud Mental y Consumos Problemáticos continuó durante la jornada con el objetivo de poner en común esas distintas perspectivas.
Bajo la idea de que la salud mental se construye en comunidad, el encuentro buscó abrir un espacio de intercambio sobre prevención, acompañamiento y abordajes que contemplen tanto los consumos como las diferentes condiciones de vida de las personas.
