La actividad nocturna en Santa Fe experimentó transformaciones en las últimas dos décadas, desde la concentración en el macrocentro hasta la relocalización de boliches en la Ruta 168 y el crecimiento de bares en Candioti. Normativas, hechos violentos y la pandemia marcaron el derrotero.
La noche de Santa Fe atravesó cambios significativos en las últimas dos décadas. Durante los años 90 y 2000, la oferta de actividad nocturna se concentraba en un radio de 10 a 15 cuadras en el macrocentro, con la zona conocida como Recoleta como epicentro. Esa realidad se modificó tras una serie de episodios violentos, entre ellos uno con una persona fallecida.
En 2009, el Concejo Municipal aprobó la Ordenanza 11.622, que declaró la emergencia de la actividad nocturna. La norma estableció límites horarios: apertura a las 2 y cierre a las 6, y restringió el expendio de alcohol hasta las 5. Posteriormente, la actividad se desplazó hacia las afueras de la ciudad, luego de la modificación del Cuadro de Usos del Reglamento de Zonificación.
Un hecho violento ocurrió en 2013 en un pub de 25 de Mayo y Santiago del Estero, cuando se registraron disparos en el interior del local y un hombre de 37 años murió horas después. El episodio aceleró el debate político local y derivó en la relocalización de los boliches.
En octubre de 2015, los cuatro principales boliches de la Recoleta —La Loca, Complejo Island, Kwam y Passage— se trasladaron a la vera de la Ruta Nacional 168. La medida reconfiguró los hábitos nocturnos: las recorridas de bares en el centro fueron reemplazadas por encuentros en casas o kioscos, y la movilidad hacia los nuevos espacios planteó dificultades por las distancias y la falta de transporte público nocturno regular hasta 2025.
Desde 2015, los pubs ganaron terreno con oferta gastronómica, música y espacios reducidos para bailar. Surgieron debates sobre las habilitaciones municipales, los decibeles y la distinción entre bar y boliche. También se popularizaron las fiestas privadas en clubes y salones con modalidad de «canilla libre».
La pandemia de coronavirus implicó el cierre de actividades y la organización de fiestas clandestinas en casas quintas y complejos alejados, que fueron denunciadas por vecinos. Los operativos de control se intensificaron y esos encuentros disminuyeron, aunque dejaron instalada la modalidad de bailes en la periferia con acceso por invitación previa.
A fines de 2022, el Concejo aprobó cambios en la nocturnidad impulsados por el gobierno de Emilio Jatón, tras audiencias públicas y debate. Se regularon franjas horarias, aforo y decibeles para pubs, clubes y salones de fiesta. En paralelo, la zona de boliches de la Ruta 168 consolidó su oferta con entre tres y cuatro espacios habilitados según la época, y el municipio dispuso una línea de colectivos y mejoras en el entorno.
Actualmente, el público adolescente y joven concurre a las discos de la Ruta 168, mientras que los grupos etarios mayores optan por bares en la zona de bulevar y en los barrios Candioti Sur y Norte. Según datos oficiales, antes de la última ordenanza de nocturnidad había unos 300 locales habilitados, número que creció con la nueva norma. Un relevamiento periodístico contabilizó medio centenar de locales en funcionamiento entre bares, pubs y restaurantes en Candioti Sur y Norte, con bulevar Gálvez como corredor central.
